Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.

sábado, 23 de julio de 2011

Respuesta anarquista a un cristiano y YO

Nosotros no somos los que vivimos de los gobiernos, son los gobiernos los que viven de nosotros precisamente porque lo hemos permitido y aceptado, negando la oportunidad de vivir un mundo mejor y anulando cualquier posibilidad de liberación, porque sencillamente preferimos llevar las cadenas de la pasividad, la tranquilidad, la obediencia, la seguridad, que nos han colocado en beneficio de sus intereses. Si los pueblos eligen a unos o a otros, es porque ese es el camino que por conveniencia de unos pocos se les ha mostrado, sin percatarse que se hacen cada vez más inútiles, toda vez que delegan en otros sus problemas fundamentales cuya solución no son de interés real para nadie, y que lamentablemente nunca hemos entendido que la solución siempre ha estado en nuestras manos. Creo en un mundo sin la pasividad de irresponsables, que atribuyen todos los problemas a la falta de cristo, y basan la justicia en el miedo, el temor y la cobardía a lo imaginario, que además, si tan sólo fueran un poco sensatos, admitirían que su única preocupación es la personal. 

La ley de dios es ley del "cielo", él no sabe nada acerca de este mundo; dejemos que dios gobierne su rebaño allá arriba y nosotros lucharemos por librarnos de los ídolos que erigen los rebaños de acá abajo. Desconoce el propósito de su señor, pero si por alguna razón cree que tiene control es porque precisamente la noción de control se encuentra en la mente de los déspotas y autoritarios. Insisto, que la ignorancia es uno de los principales flagelos contra los que hay que luchar, a través de una educación libre, sin dogmas, y no dirigida por interés alguno, ajeno al mismo conocimiento: diverso, heterogéneo y plural. Los únicos terroristas son los estados, quienes financian y sostienen el mercado de armas, pues de este modo intimidan y amedrentan el pensamiento libre; pero esto no es suficiente para alcanzar la dominación, cuando la intimidación se hace inefectiva serán ellos mismos quienes generen la violencia, para así justificar su existencia y mantener su hegemonía sobre la servidumbre.

El día que nos alejemos de los mitos, estaremos más cerca a la solución de los problemas del hombre, el resto de las especies y la naturaleza en general; comprenderemos la naturaleza de la dominación de unos sobre otros y habremos comprendido los valores de la igualdad, la libertad y la justicia. Preocúpate por conocerte a ti mismo y no esperes que sea otro, que apenas puedes suponer e imaginar que existe, te conozca; triste es de aquél que al no conocerse a sí mismo, asumiendo que es otro quien lo conoce, niegue su orgullo y lo oculta irresponsablemente en el orgullo ajeno de un imaginario. Precisamente por ser dios dueño de la tierra, todo cuanto se haga o deje de hacer en ella se hace en nombre de dios; será dios el primer ídolo a derribar. En ningún momento he dicho que el anarquismo sea todo o la solución, despreocúpese, pues el "orgullo" oculto, inconsciente y subconsciente del cristianismo como solución, prevalecerá en un mundo en el que reina la tiranía de la mayoría y en el que por cada 500 cristianos hay un anarquista. Una sociedad desigual, servil e injusta no cambia basándose en el control ni el autoritarismo, un temor que comienza a engendrarse en la familia patriarcal heredada por las tribus hebreas.

viernes, 22 de julio de 2011

Respuesta a un cristiano

La anarquía aspira un mundo sin gobiernos, pues son opresores en sí mismos; la anarquía anhela un mundo sin dogmas, incluido el cristianismo, en el que cada individuo esté libre de arbitrarias herencias y prejuicios. Evito en lo posible tratar el tema acerca de la existencia de dios, por considerarlo un tema inútil que nos aleja de los problemas reales y tangibles de este mundo, que supongo son problemas que tenemos en común a pesar de nuestras diferencias acerca del cielo: la pobreza, la miseria, el hambre, el consumismo, la explotación del hombre por el hombre, la explotación de la naturaleza por el hombre, entre otros tantos.

Respetaré a su dios por tratarse de su creencia religiosa, pero por favor no me diga tamaña deformación y manipulación de que el estado fue creado por dios, cuando su cristo vivía en completo desprendimiento, apartado del estado romano. Ahora comprendo porque cristo, habiendo dicho: "A dios lo que es de dios, y al césar lo que es del césar", la mayor veneración de los cristianos ha sido al capital y la veneración a cuanto césar ha pasado por este mundo. El gobierno lo quieren otros, y con frecuencia, aunque diga lo contrario, son cristianos, y sólo los burgueses mercantilistas miden y cuantifican en éxitos, y con frecuencia, aunque diga lo contrario, también son cristianos. Lograr una solución a los problemas que antes le mencioné no es cuestión de césares ni de éxitos mercantiles o burgueses, es cuestión de deberes y principios. Ahora comprendo porque los cristianos desean y aspiran tanto el gobierno, porque son tan arbitrarios que aseguran tener a cristo en sus corazones.

Mientras vivamos un mundo lleno de miseria, hambre y pobreza no podré decir que "jehová es la tierra y su plenitud", y cuando ese mundo llegue tampoco lo haré, porque sencillamente lo habremos alcanzado todos los seres humanos en unión de esfuerzos. Cuando hablo de "El Leviatán" hago referencia a la obra de Thomas Hobbes, en el que justifica la existencia del autoritarismo estatal, razón por la cual siempre manifiesto que uno de los grandes esfuerzos por esta humanidad ha de ser una auténtica educación, libre de intereses particulares que nos conducen hacia donde unos pocos desean.
           
Especie significa cada uno de los grupos en que se dividen los géneros, obviamente si el género es cristianismo, la especie es evangélica. Si cree que lo digo en forma despectiva, soy ecologista y no un ser humano que se considera arbitrariamente por encima del resto de las especies animales. No soy creación de dios y si lo fuera no me considero su hijo. No pondré en tela de juicio su gran fe, pero lo que si le puedo decir es que no espero misericordia de nadie y si quiere condenarme por ello, pues que lo haga; sólo quien cree en dios y su cielo, cree en el diablo y su infierno.

Me parece una irresponsabilidad de extralimitadas proporciones, incurrir en poder y corrupción, y luego esperar misericordia y perdón de su dios, y los perjudicados por las consecuencias de los actos cristianos aceptarlos con sumisión sólo porque el paraíso es de ellos en este mundo, el otro y todos los que vengan.

martes, 12 de julio de 2011

A quién podría importarle, a quién podría afectarle (El ego de un maldito anarquista)

A quién habría de importarle quién soy o qué soy, si lo que soy en este mundo cuantificado no atenta contra nadie más que contra mi mismo. A quién podría afectarle que piense o no piense si después de todo siempre seguiré siendo un ignorante. Sólo poseo mi pensamiento afortunadamente no masificado y los títulos conferidos por otros, formales o informales, no dicen nada acerca de mí.
A quién podría importarle, a quién podría afectarle, si ni siquiera rivista soy. Sólo soy un anarquista y un anarquista no tiene ídolos.
No hay duda acerca de mi ego. Pero, a quién podría importarle y a quién podría afectarle, si todos en mayor o menor grado -si es que acaso el ego pueda tener escala gradual- tenemos ego; sin embargo, desafortunadamente algunos muy dados a la moral de rebaño, deciden y prefieren confinar su ego en otros. Considero posible una diferenciación de la naturaleza del ego, como explicación a las discrepancias teórico-prácticas del anarquista con respecto a liberales, socialistas, comunistas y cristianos. En lo particular, no sigo a nadie más que a mi mismo y si estoy en contra de mí es para evitar que el rebaño y los susceptibles a seguir, me sigan.
A quién podría importarle, si sólo soy un maldito que manifiesta su miserable vida pretendiendo destruir el mundo de los "buenos" con su fútil acción. A quién podría afectarle, si otros son los benditos y yo no; que el mundo es bendito por otros y no por mi; que dios está con ellos y no conmigo, porque sencillamente YO no estoy con el; que el paraíso le pertenece a sus seguidores, en este mundo y en el otro, a pesar de la falsa paz, falsa bondad, y su alucinógena, hipnótica e irresponsable felicidad.
“Ningún concepto me expresa, nada de lo que se considera mi esencia se agota. Yo soy el propietario de mi poder y lo soy cuando me sé único. Todo ser superior a mi se debilita ante el sentimiento de mi unicidad y palidece al sol de esa conciencia”, Max Stirner.

viernes, 17 de junio de 2011

El movimiento anarquista en Maracay-Valencia ¡La anarquía, esa es la libertad!

En el día a día de esta lucha por el libre pensamiento, por el ideal libertario y la utopía anarquista, me convenzo cada vez más que el principal obstáculo a vencer es el desconocimiento y la ignorancia de la masa, y es que no puede ser libre quien carece de pensamiento y mucho menos quien no piensa. Aquí radica la preocupación egoísta que mantengo, comparto y coincido con Bakunin; mi libertad no es libertad mientras otros viven en esclavitud, de hecho, mi libertad se diluye y se anula al estar condicionada por la esclavitud de otros, por lo tanto, no puedo ni debo creerme libre mientras los demás no lo son; se trata de una libertad individual basada en la solidaridad colectiva en la que el individuo sólo puede ser libre en una sociedad libre: “Mi libertad es función de la libertad de todos. La opresión de los unos tiene como corolario la esclavitud de los otros”, “Mientras exista un alma en prisión no seré libre”, Mijaíl Bakunin. Al expresar de esta manera mi sentir, intento situarme en una posición arrogante que supere la soberbia de un vulgo, que aún cuando yace adormecido, pasivo, expectante, dominado por, y dependiente de, están completamente seguros de que su ignorancia es suficiente para conocer y juzgar lo que desconocen: “Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas”, Bertrand Russell.
            He allí la razón por la cual debemos erradicar la ignorancia del vulgo, lucha esta que además debe complementarse con la lucha en contra del intelecto de los doctos. Si para algunas cosas ha servido ese cuento novelesco llamado historia, una de ellas ha sido el poder identificar que en diferentes hitos históricos, estos señores aristócratas del conocimiento se han pronunciado, en busca de protagonismo intelectual, a favor de regímenes, unos con mayor o menor grado de autoritarismo con respecto a otros. Los anarquistas venezolanos lo vivimos recientemente con indignación e impotencia, cuando, Sir, Míster o Señor Noam Chomsky –quien definiéndose a sí mismo como anarquista, y como tal, debe rechazar toda forma de autoridad, incluida la autoridad estatal- visitó hace dos años al jefe de estado de estos lares. Por supuesto, fue cubierto de gloria con la venta de sus libros y enaltecido como una autoridad intelectual; obviamente, como autoridad no puede estar en contra de sí mismo.
            La conveniencia y el oportunismo son algunos de los rasgos que tienen en común tanto la ignorancia como el intelecto; ambos son ajenos a la conciencia libertaria y atentan contra sus principios: libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad, apoyo mutuo, cooperación, autogestión, autoorganización, autonomía y antiautoritarismo. La aspiración permanente al conocimiento es lo que nos hace libre, y la inteligencia que despierta las dudas lo mantiene vital, dinámico y cambiante.
            El movimiento anarquista ha padecido, en diferentes contextos de tiempo y espacio, de estos males de la conveniencia y el oportunismo, que comparten tanto la ignorancia como el intelecto por igual. Tal es el caso de los anarquistas rusos, quienes -tras la exitosa insurrección de los Bolcheviques, en la que tomaron oficialmente el poder en Octubre de 1917- empeñaron sus principios en el pedestal del reciente y naciente estado Bolchevique, consintiendo ser sus colaboradores y siendo absorbidos por la sombra de un partido único.
            Emile Armand, escritor y activista anarquista francés, expresó su rechazo en un artículo que escribió y publicó con el título de “Manifiesto de los alineados”:
(…) Aparte de la cuestión de su origen, yo me froté los ojos resumiendo este Manifiesto para preguntarme si yo todavía estaba soñando, si los que habían redactado y firmado –il Messaggero della Riscossa escribe que está bajo en dictado de Zinovieff- jamás habían comprendido algo sobre la esencia del concepto anarquista. Antes de examinar si es exacto o no que ese concepto tenga una base científica, los ciudadanos alineados me permitirán que observe que ellos habrían podido esperar que se enfríen por lo menos los cadáveres o cierren las heridas de sus antiguos compañeros de ideas fusilados o torturados por la policía de seguridad comunista. ¿Acaso el heno de la granja bolchevique es tan apetitoso que aniquila toda reserva? (…)

Actualmente en Venezuela, para caracterizar la región en la que nos encontramos, y no así, para denotar el tradicional cerco nacionalista que se nos impuso, nuestro modesto movimiento anarquista no está exento de los perjuicios de la conveniencia y el oportunismo ya mencionados. Al definir y describir el contexto de espacio y tiempo, notamos que posee elementos en común con otros registros históricos, a parte de aquel de la Rusia de 1917 que ya fue mencioné brevemente, tales como: un partido único; un semidiós, maestro o pontífice; y el fiel rebaño de una minoría privilegiada de la clase política dirigente del estado; esto es, aparte de los burgueses y fascistas, un enemigo sobradamente conocido por nosotros los anarquistas: los socialistas y comunistas autoritarios descendientes del marxismo-leninismo. Entre otros factores, que desde mi humilde perspectiva afectan nuestro movimiento libertario, se encuentran los siguientes: carencia de la conciencia y esencia del ideal anarquista; distorsión de la realidad creando supuestos grupos anarquistas formado por simpatizantes asalariados del estado, con la finalidad de sembrar la idea y afirmar que hasta los anarquistas están con el sumo pontífice; los socialistas autoritarios evitan hacer eco del auténtico movimiento anarquista; el impacto de nuestra difusión y acción libertaria ha sido insuficiente; esfuerzos dispersos y falta de comunicación en los diferentes colectivos anarquistas.
Los socialistas de esta región que se ha dado por llamar República Bolivariana de Venezuela, elaboran programas enmarcados en la doctrina del padre del socialismo autoritario personificado en Marx y que Engels etiquetó como socialismo “científico”, para exaltar las ideas teóricas que tanto le cautivaron; en “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico”, Engels expone: “Estos dos grandes descubrimientos: la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista, mediante la plusvalía, se los debemos a Marx. Gracias a ellos, el socialismo se convierte en una ciencia, que sólo nos queda por desarrollar en todos sus detalles y concatenaciones”. Tomando en cuenta esta breve argumentación “científica” de Engels, desearía que los marxistas venezolanistas, para ser considerados como tal,  tuvieran algún conocimiento de ella: el materialismo histórico, el determinismo histórico, la lucha de clases, la plusvalía, la concentración de riquezas, la pauperización progresiva, las crisis financieras, la revolución, la dictadura del proletariado, el socialismo como transición a la abolición del estado y al comunismo, la epistemología marxista, sus principales obras “El Capital” y el “Manifiesto del Partido Comunista”, lo cual dudo mucho que así sea, sobre todo habiendo un gran desconocimiento acerca de un autoritario propio de estas tierras, a Bolívar me refiero, que por cierto dejó una grata impresión en el mismo Marx, impresión que quedó plasmada y reflejada en su artículo “Bolívar y Ponte”. Sin embargo, independientemente de que los socialistas venezolanistas, conozcan o no la teoría marxista, es de poca relevancia, su praxis es exactamente copia fiel del leninismo, maoísmo, estalinismo y el castrismo, obviamente, con adecuadas, convenientes y modernas mutaciones hacia la socialdemocracia, puesto que se han percatado que son estatistas demócratas más hábiles con la manipulación de la cuestión social que los liberales, prescindiendo así, de los medios violentos de exterminio que emplearon sus antecesores, al menos no de manera frontal; curiosamente ya hoy día nadie es liberal, pero el sistema está soportado por una infraestructura liberal basada en el capital, la propiedad privada, constitución, parlamento, división de poderes, estados, transnacionales, libre mercado y repúblicas. Actualmente, socialistas y liberales se confunden en una misma masa aglutinada que han pactado para disputarse el poder de esto que ahora han perfeccionado y denominado “Estado social y democrático de derecho”.
Entre esta nueva generación de socialistas autoritarios que se encuentran en poder de esta parcela nacionalista de explotación petrolera en manos de transnacionales, y sus oponentes que desean el poder, un tema de discusión frecuente, según unos y otros, es el “ideológico”. Los primeros (socialistas autoritarios), como ya mencioné, elaboran y ejecutan programas de doctrina ideológica de poco interés para la masa desde el punto de vista teórico, pero muy efectivo y real desde el punto de vista práctico, en cuanto a la perpetuación y conservación del poder a costa del usufructo de la cuestión social. Los segundos (opositores) se horrorizan con los programas de doctrina ideológica de los primeros, no por el nulo interés de la masa en cuanto a su contenido teórico, pues ellos también carecen de una auténtica base ideológica, sino porque coinciden en el fin práctico, la tan ansiada búsqueda y disputa del y por el poder.
Somos parte de una cuerda que está sometida a dos tensiones opuestas que sólo buscan el poder, para ellos no importa lo que ocurra luego con la cuerda. Pero del mismo modo que no les importa que ocurra con nosotros mientras somos gobernados, a nosotros tampoco nos importará que ocurra con ellos cuando con firme determinación renunciemos a ser gobernados. Ellos temen a nuestro deseo de libertad y harán todo lo posible para hacer de ese deseo un temor, que no es más que su propio miedo; si el miedo a la libertad les da poder, entonces sembremos el miedo al poder para tener libertad. Además, el valor es la superación del miedo y no tenemos nada que superar, no tememos a la libertad, la anhelamos.
El enemigo de turno es un histórico que ya lo conocemos de sobra, socialistas autoritarios en alianza con transnacionales: “En fin, sólo en nombre de una concepción pobre del socialismo uno estaría tentado, quizás, de creer que llegar a él es poca cosa. Hay una cierta forma de esta doctrina que detestamos más, tal vez, que la tiranía. Es la que descansa en el optimismo, que se apoya en el amor a la humanidad para eximirse de servir a los hombres, en el progreso inevitable para esquivar las cuestiones salariales, y en la paz universal para evitar los sacrificios necesarios. Jamás comprometió a quien lo profesaba. En una palabra, este socialismo tiene miedo de todo, incluso de la revolución”, Albert Camus.
He aquí nuestra revolución de liberación individual, porque no podemos pretender transformar el mundo si cada individuo no es capaz primero de transformarse a sí mismo. He aquí nuestra evolución de liberación social, porque la transformación social no será posible, hasta lograr que todos y cada uno haya logrado la revolución de liberación individual; mientras esto no ocurra, la libertad de unos pocos seguirá disolviéndose en la esclavitud de otros tantos que ya se han acostumbrado al miedo y a la obediencia, obligados a llevar las cadenas que se les ha impuesto por medio de la intimidación, la amenaza y el amedrentamiento, y de las cuales terminan por sentirse orgullosos. La satisfacción y complacencia, de un seguidor por el seguido, es orgullo de esclavo; su voluntad no le pertenece, su pensamiento no es propio; no tiene capacidad de ser, sigue a lo que tal vez desearía ser, pero no es capaz de ser; su ser se reduce a lo que otros desean que sea; es materia inerte e inútil, que está sujeta a cualquier fuerza que incida sobre él: “El miedo a la libertad crea el orgullo de ser esclavo”, Bakunin.
La relación de dependencia y dominación de todo gobierno sobre el hombre y la sociedad, radica en el control de sus necesidades. Ningún estado, llámelo social o burgués, te hace libre; se apodera de tus necesidades y las controla; te hará su esclavo y te someterá bajo la amenaza de que al supremo estado debes todo lo que eres, desde una migaja de pan, hasta un contrato oculto en la sombra de los privilegios y la corrupción. Los socialistas autoritarios venezolanistas dominan bien esta materia, tanto como los socialistas autoritarios que le precedieron; saben que pueden dominar al proletariado a través de intereses materiales, lo cual resulta en su adaptación conveniente y oportunista: “… desarrollan un espíritu conservador y de miedo al cambio en aquellos que logran obtener mejores condiciones para sí mismos, y frecuentemente, terminan creando nuevas clases privilegiadas, y apoyando y consolidando el sistema que uno desea demoler”, Errico Malatesta.
Los socialistas petroleros del siglo XXI, no perdieron ningún rasgo característico de los genes de sus ascendientes autoritarios, buscan fortalecer la maquinaria estatal y controlar los intereses materiales del proletariado, de tal manera que les permita imponer y mantener el orden que dirige una minoría privilegiada, convirtiéndose además en el nuevo patrón del obrero. El científico Marx junto a su fiel discípulo Engels, en su invención despectiva del “lumpen proletariado”, afirmaba lo siguiente: “El lumpen proletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, resultará en parte arrastrado al movimiento por la revolución proletaria, aunque sus condiciones de vida lo hacen más propicio, a dejarse comprar como instrumento de los manejos reaccionarios”. Esta nueva versión del socialismo estatista crea trabajos inútiles que sólo ellos pueden pagar con su capital petrolero medido en dólares, con los cuales han sentenciado al “lumpen proletariado” a continuar en tal condición y sumir al proletariado en ella; han reducido al socialismo a una estúpida idea vaga de consumismo a precios más baratos, derivada de monopolio y libre competencia, a fin de comprar esclavos, servidumbre, conciencias, y destruir la libertad, quedando en evidencia quienes son los auténticos reaccionarios y conservadores del sistema que nos oprime y domina.
Ni hablar de protestas y desobediencia civil. Cada vez es más frecuente observar movimientos sociales autoinducidos, imperialistas o antiimperialistas, de las llamadas “izquierda” o “derecha”, que no sólo aumentan  el escepticismo de dichos movimientos, sino que también desvía la de nuestros problemas hacia una lucha pro gobernantes, que son ajenas a nuestros problemas.
Los anarquistas en Maracay y Valencia tenemos una enorme necesidad de organización; necesitamos avanzar con decisión hacia un fin claramente definido, a través de una práctica colectiva organizada. Para ello, sostuvimos una reunión los compañeros Abdel Yeshua, Meyer Lozano y mi persona, en la cual se definió como objetivo inicial del naciente movimiento anarquista, el siguiente: “Establecer y afianzar las bases ideológicas, teóricas y líneas de acción, pertinentes para la organización del naciente movimiento anarquista en Maracay y Valencia, caracterizada por la libre voluntad de sus miembros, y basada en los principios de libertad, igualdad, fraternidad, solidaridad, apoyo mutuo, cooperación, autogestión, autoorganización, autonomía, antiautoritarismo, que concilie, coordine y armonice la individualidad con el colectivo, desarrollando por igual sus iniciativas y conciencias, sin etiquetas, tomando como referencia antecedentes teóricos e históricos de organizaciones anarquistas, como enseñanza y aprendizaje de nuestros errores”. Para ello acordamos y establecimos las líneas de acción que consideramos han de tener en común con otras organizaciones anarquistas, y son las siguientes: consolidar una organización anarquista local; coadyuvar el acercamiento y la afinidad con otros grupos para conformar una red anarquista de coordinación; desplegar los diferentes medios que faciliten la difusión, divulgación y propaganda del ideal anarquista; efectuar charlas y talleres de educación sobre el anarquismo: fundamentos teóricos y prácticos, formas y métodos de lucha y resistencia, historia del anarquismo, historia de la filosofía y fundamentos de las diferentes corrientes de pensamiento.
Soy lo suficientemente egoísta como para desear, aspirar e impulsar la libertad, autoorganización y anarquía de los seres humanos; soy lo suficientemente altruista como para entender, comprender y aceptar la voluntad de los seres humanos de renunciar a la libertad, prefiriendo la “seguridad” que brinda la esclavitud estatal y la servidumbre económica.
Compañeros libertarios, mantengamos siempre presente que el núcleo teórico del anarquismo se centra en la crítica al Estado como estructura de poder y opresión, la defensa radical de las libertades individuales compatibles con la solidaridad y un modelo de sociedad autogestionada. Asimismo, no podemos perder de vista la diversidad, variedad y diferencias de ideas, como indicadores del goce de una buena salud del anarquismo.

¡La anarquía, esa es la libertad!
¡Levántate y lucha!
¡Salud y anarquía!

lunes, 30 de mayo de 2011

La utopía es sólo cuestión de tiempo para despertar voluntades

El elemento característico de la utopía es ser irrealizable en el momento en que se concibe, lo cual no quiere decir que no sea posible o imposible de realizarse; la utopía puede ser posible o imposible, considerando que ambos son extremos que denotan un menor o mayor grado de dificultad para su realización, que no la hace necesaria y suficientemente realizable, pero tampoco la hace necesaria y suficientemente irrealizable. No tiene sentido exponer el caso de la utopía irrealizable, no sólo porque es la idea comúnmente aceptada -con o sin argumentos, curiosamente por aquellos que desconociendo ser utopistas autoritarios, confían plenamente en que un mundo mejor es posible, gracias a la grandeza de los estados-naciones o repúblicas, poseedores de un gran poder sugestivo, intimidante y sobornador sobre la masa- sino también porque deseo resaltar el valor de la utopía no autoritaria, y que definitivamente no hay motivos para pensar que dicha utopía no pueda realizarse, a menos que no haya voluntad para ello.
Efectivamente, esta voluntad tan deseada, que aún no se manifiesta y permanece ausente, es la razón por la que se ha obstaculizado y dificultado la utopía del ideal libertario, de tal modo, que el momento de su realización se ha extendido, postergado y prolongado en el tiempo. Los sujetos responsables son aquellos quienes ambicionan el poder y la masa en sumisión, autómata y servil; una sumisión de ignorancia convenientemente inducida, o bien, voluntariamente aceptada. Se ha impuesto una burlesca sociedad libre regulada, controlada, dominada, reglamentada y sometida por una autoridad; se ha impuesto una ridícula sociedad igualitaria basada en una propiedad privada que engendra desigualdad, influencia corruptora, privilegiada y mafiosa. El impacto de esta imposición histórica es tal, que ciertamente han logrando convencer a los autómatas serviles, de que una sociedad diferente a esta que nos han presentado es imposible, aduciendo, por y para ello, la falsa necesidad de un orden basado en la autoridad, que en sí misma está basada en la opresión. He allí la cuestión; quienes detentan o aspiran al poder intentarán por todos los medios mantener las estructuras de autoridad para hacerse de ellas, y a cambio, ofrecer a la masa el engaño de una sociedad cobijada y protegida bajo su manto, alegando que sin ellos, me refiero al poder y a la autoridad, es imposible una sociedad.
Nuestra tierra es tierra de utopía libertaria, más hermosa que cualquier idea paradisíaca soñada por cualquier mortal ambicioso de inmortalidad o de otra vida después de la muerte, que explota, destruye y consume desmedidamente nuestra amada tierra, que no es aquella tierra cercada en naciones -custodiada por patriotas guerreros y terroristas dotados de cañones destructores de toda forma de vida, que además han sido extraídos de ella y convertidos en un producto empleado contra ella misma- sino la tierra de todos, una tierra sin fronteras, una tierra sin propietarios. La semilla de la utopía libertaria germina y crece continuamente de manera espontánea en cada rincón de nuestra tierra, muchos han querido devastarla, hacen uso de ella con fines pérfidos y crueles de manipulación; en incontables ocasiones han logrado desaparecerla, pero ella resurge cual ave fénix.
Cada detalle por pequeño que parezca, cada instante por muy corto que sea, ha de ser una oportunidad manifiesta de acción para mostrar y demostrar que la utopía libertaria es posible. Aunque no deseada por unos pocos que viven a expensas de la siembra de una falsa esperanza en los demás, inculcando la moral burguesa de la comodidad y el lujo en detrimento y perjuicio de otros muchos a través de quienes se perpetúa la pobreza y la miseria, la utopía libertaria siempre estará allí presente en procura y lucha por el anhelo de un mundo mejor para todos.
Un mundo mejor para todos, en el que los niños estén libres incluso de las cadenas dogmáticas y prejuicios de los padres; en el que todo ser humano tenga derecho a su pan; un mundo mejor para todos, sin propiedad, pues de ella devienen los privilegios, la mafia y la corrupción; sin la explotación del trabajo para la acumulación de riquezas, producción en masa, en serie, y diversificación de productos cada vez más alienantes que inciden en una sociedad cada vez más consumista; sin servidumbre asalariada; sin caridad y consuelo, pues en ellas se perpetúan el hambre y la miseria; un mundo mejor para todos, en el que la paz no se base en cañones que amenazan para sembrar el temor, la mansedumbre y la sumisión de unos sobre otros.
La utopía es sólo cuestión de tiempo para despertar voluntades y conciencias.  
¡¡¡Salud y anarquía!!!

miércoles, 20 de abril de 2011

El santo principio de la mafiosa autoridad

En reiteradas ocasiones, con frecuencia, cada vez que me es posible, como parte de mi respiración, de cada inhalación y exhalación, como parte de mi misma y propia vitalidad, manifiesto mi repudio a la autoridad por cuanto tengo la convicción de que es la causa que engendra y perpetúa los males de la especie humana arrastrando consigo de manera irresponsable a otras especies; por tal motivo, insto consecuentemente a su abolición, a desechar lo  inútil, desechar a lo parásito.
            Por razones obvias, este esfuerzo es definitivamente diminuto comparado al increíble grado de arraigo que tiene la idea de autoridad en las mentes humanas. Ante esta obviedad, basada en la impuesta y aparente necesidad de la existencia de una autoridad para sostener su tan deseado orden, que no es otro orden más que el de la misma mafia, las razones para dar tal fe a la autoridad no puede ser otra que la ambición de convertirse en una de ellas, quizá no la máxima pero si al menos una con cuota mínima, pero autoridad al fin, que pueda tener la sensación de poseer la facultad, atribución, “derecho”, dirección, control y dominio sobre los destinos de la vida de otros.
            Este deseo por ser autoridad cobra más fuerza en su empeño poco sensato de negar toda posibilidad de racionalidad en el hombre, de este modo justifican sus pretensiones; no sólo niegan la posibilidad de racionalidad en el hombre, sino que se aseguran de desaparecer, extinguir y anular dichas posibilidades. He aquí que la autoridad es autoritaria en sí misma, cuyo único fin es anular la auténtica autonomía; he aquí el autoritario, todo aquel que actúa basado en el santo principio de autoridad, encuentran sus más fieles expresiones en aquellos que un día fueron los más fieles obedientes, o bien, en aquellos que no siendo fieles obedientes sencillamente aspiran ser autoridad.
            Los ámbitos de acción de la autoridad son diversos y sus actores toman diferentes nombres según el susodicho ámbito de acción, así vemos, al político en el estado, al pastor en la religión, al rector en la educación, al juez en el derecho, y de esta manera sucesiva, si pudieran controlar tu respiración para asegurarse de tu sumisión, plena obediencia y de que cumplas con el molde requerido lo harían. Por supuesto, pueden existir variaciones en los nombres que reciben estos actores, sea por grado o por ser miembro de alguna tendencia diferente, pero su esencia es la misma, la dominación, el control basado en el principio santo de la mafiosa autoridad.
            He elegido adjetivar el principio de autoridad como santo puesto que de todos sus ámbitos de acción, el de mayor poder de sugestión, manipulación, explotación y dominación es el de dios, con o sin sus religiones, impacto sólo comparable con la idea del estado, pero que aún no lo supera a pesar de los escasos logros del ateísmo como fin del libre pensamiento. Adjetivado como mafioso, puesto que opera en el secreto oculto y oscuras intenciones de los entretelones, basándose en la mentira y el engaño.
            Pero, para que el santísimo principio de la mafiosa autoridad sea sostenible, requiere una estructura estratégica, táctica y operativa que le soporte, que brinde aparentes garantías a unos pendejos –nada se hace sin el pendejo, nada se hace por el pendejo-  y garantías reales de autoconservación del orden, el orden “legítimamente” constituido. Efectivamente, resulta inevitable la mención de garantías, legitimidad y orden constituido, que son descriptores esenciales del derecho coercitivo y la teoría contractual del estado, pero esta sería apenas la estructura estratégica, que se basa en el consentimiento coercitivo de un contrato impuesto que se ha de aceptar tácita e implícitamente de manera arbitraria. De esta estructura estratégica se derivarían las estructuras tácticas que se presentan a través del republicanismo, constitucionalismo, democracia y parlamentarismo, hasta finalmente llegar a sus estructuras operativas llámese estado, monarquía absolutista, monarquía constitucional, nación, patria, iglesia, universidad y pare usted de contar. A grosso modo, estos conceptos ya existían antes del advenimiento de las “revoluciones” liberales, sólo que sobre la misma base del orden existente se insertaron algunas reformas elegantes, algunos cambios refrescantes, sutiles y modernos para mejorar la eficacia articulada de la maquinaria de dominación, que es exactamente lo que han hecho los socialistas, perpetuar la maquinaria de la opresión liberal, anteriormente monárquica; a esto se le llama revolución, cambio de protagonistas opresores, y forma parte de las ilusiones mitológicas del hombre.
            Ciertamente, la evidencia histórica denota en el hombre una marcada creencia en revoluciones, pues habla de ellas sin haber visto alguna, y ya me parece estar hablando de dios. Particularmente manifiesto mi escepticismo al respecto. Si existe una revolución, si es posible una autentica revolución, sería aquella que lleva a cabo cada individuo para transformarse a sí mismo; pretender una transformación social siendo incapaz de transformarse a sí mismo, devendría en tiranía y autoritarismo. Pero la aberración llega a su máxima expresión cuando hablamos de “gobierno revolucionario”. Si un gobierno es revolucionario, cualquier cosa es revolucionario; como diría Jean Varlet: “Pero que monstruosidad social, qué obra del arte del maquiavelismo es ésta del gobierno revolucionario, gobierno y revolución son, para cualquier ser racional, dos cosas incompatibles, a menos que el pueblo pretenda mantener a sus representantes en un estado permanente de revuelta contra sí mismo, lo cual es absurdo”.
Etimológicamente, “autoridad” es una palabra de origen latín, cuyas acepciones más clásicas son: crédito, prestigio, estimación, jurisdicción, poder, garantía y reputación. Sin embargo, le corresponde a la filosofía depurar la suposición semántica de la que es susceptible este término; específicamente, la problemática filosófica de la “autoridad” debe extenderse a la justificación de la misma, a su origen, y a las relaciones con la fe, la libertad, la razón o el poder.
El ser humano es la especie que más gusta de hablar de la naturaleza de las cosas. Me pregunto: ¿Cómo puede pretender hablar de naturaleza, una arbitraria y maldita especie que sabe poco de naturaleza y sabe mucho de artificios de explotación, dominación y consumismo? Esta especie superdotada -que tienen mucho de racional y natural,  hábilmente encuentra recursos para justificar sus horrores (Dios y Estado, para mencionar los más destacados)-  considera que la autoridad y la instancia superior, son parte del orden natural de las cosas y específicamente de la naturaleza humana. Tal es su misión de fundamentar la necesidad de su existencia, perpetuando la desigualdad; tal es su misión de crear grados subalternos que son los que determinan la autoridad en unos, y la sumisión, obediencia o dependencia en otros; tal es su misión de transmitir la misma sensación y deseo gradual de alcanzar la máxima expresión de autoridad, si se cumple cabalmente con estos grados, pues son estas sensaciones y estos deseos graduales los que de manera jerarquizada garantizará la dominación y el control, la obediencia y la sumisión.
Así pues, el santísimo principio de mafiosa autoridad, entre otras tantas cosas, es entendido como principio de superioridad reconocido por otras personas a las que impone, aconseja, determina u obliga a una obediencia, a un respeto, a una creencia o a la aceptación de unos enunciados, órdenes, criterios u opiniones.
El alcance de este santísimo principio no tiene límites, de hecho se extiende a los pueblos originarios, si es que aún existen. Los pueblos originarios ya no son tan originarios como creemos; son pueblos que son cristianizados, forzados a matricular en escuelas, que son víctimas de la hostil civilización, de la explotación del trabajo y el salario, que desfilan ante un rey, y quienes dicen representarle se han vendido al patrón. Devastan la autonomía pero la semilla queda.
El ámbito de la moral tampoco escapa de su radio de acción. La moralidad se basa en el engaño y la mentira de este sacrosanto principio; propicia una vida que gusta de una apariencia que sepulta al ser, una vida que gusta de la farsa de un espectáculo cuyos entretelones del escenario y caretas de los personajes sólo son posibles desmontarse por medio del rechazo, la renuncia la autoexclusión y la auto degradación progresiva de los valores que hacen falsamente “buenos” a los buenos. Una moral basada en los convencionalismos de una sociedad que oculta su suciedad debajo de una alfombra, una sociedad en la que reina la moral de rebaño, que busca continuamente quien los dirija, y que desafortunadamente no puede esperar ni merecer otra cosa más que el más grande de todos los tiranos, déspotas, arbitrarios y autoritarios. Una moral que normalmente recurre al conductismo basado en el ejemplo para moldear conductas serviles y autómatas.
¿Quieres saber de mafia organizada? He aquí la sacrosanta autoridad y sus instituciones; el hombre pasa, la mafia queda. Por lo tanto, veremos en dios, estado, nación, propiedad, patria y capital, los ídolos instituidos e intangibles de la metafísica, donde se esconden anónimamente los irresponsables, arbitrarios y egoístas; meros desechos del intelecto humano ¿Has conocido el hambre, la miseria, la injusticia y la esclavitud? He aquí lo tangible, y los ídolos son ajenos y desinteresados a ellos.
Precisamente, debido a ello, no pueden recibir otro trato. Seamos rígidos en la erradicación de toda forma del principio de autoridad y permitamos la armonía subyacente del caos en la implementación sublime del principio de auto organización. Destruyamos la santa obediencia, que por santa, niega y rechaza todos los vicios cuando en realidad está llena de todos ellos; que por obediencia, suprime la voluntad de uno para imponer la de otro. Al más auténtico estilo Bakuninista, mientras exista una instancia superior habrán gobernantes y gobernados, y no seremos iguales; mientras exista una instancia superior otros decidirán y nos impondrán su voluntad, y no seremos libres.
Pero no todos los autoritarios son descarados, existen algunos especímenes que son sensatos, nobles, honestos, y cuyo autoritarismo paradójicamente les ha sido impuesto, tal es el caso de Simón Bolívar. En efecto, el susodicho y flamante personaje en su discurso pronunciado ante el congreso de Angostura el 15 de Febrero de 1819, justo el día de su instalación, afirmaba lo siguiente:
“Al transmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobia, como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me habría sometido al terrible y peligroso cargo de Dictador Jefe Supremo de la República. ¡Pero ya respiro devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social!”

            ¡Pueblo autoritario y déspota! Si el gobernar representa una inquietud y sacrificio en la miserable vida de estos pobres seres gobernantes, seamos solidarios y liberémosle de la inquietud que agobia y atormenta a su desgraciada alma.
            El error que aún cometemos y no terminamos de superar y corregir, es el de creer que, la transferencia de poder, es decir, el hecho de tener poder o simplemente delegar en otros nuestros problemas, es la solución de ellos, y no es más que mera opresión de unos sobre otros, que nos distancia y nos aleja.
            Destruyamos la autoridad y sus poderes, asegurémonos que no resurja ni en unos ni en otros. Superemos el mito parlamentario, nadie te representa mejor que tu mismo; superemos el mito republicano, son el robo de la autonomía y consiguiente repartición de parcelas de poder por una minoría; superemos el mito constitucional, una sociedad no es libre, justa e igualitaria sólo porque se escriba en un trozo de papel; superemos el mito democrático y el mito revolucionario, sólo resultan en un cambio de amo.
            No se trata de dotar de capacidad política a la clase obrera, se trata de abolir a la clase política; no se trata de aliviar con capital los estragos del capital, se trata de abolir el capital; no se trata de dar consuelo con la promesa de una mejor vida después de la muerte, se trata de acabar con las falsas promesas de unos y la mansedumbre de otros, por una acción directa en aras de un mundo justo lleno de libertad e igualdad.
            Muerte al Estado, muerte a Dios, muerte al capital, muerte a la autoridad. Abolición del estado y sus palacios, de dios y sus templos, del capital y sus bancas, de rectores y sus universidades, de militares y sus cuarteles,  son viles elementos aliados que cuidadosamente han sido articulados para conformar las redes que nos dominan y mantienen alienadas nuestras vidas. Sin percatarse, tal es la vehemencia de sus deseos, sus más oscuras intenciones inevitablemente reflejan su temor; saben que su aparente valor prevalecerá basándose en la siembra de un miedo mayor al que ellos padecen. Tal es el caso de los más privilegiados rojos y socialistas burgueses, que al hablarles de abolición del capital o simplemente del hecho de que no necesitamos ser gobernados, ni por ellos, ni por nadie, mostrarán su patético rostro de pánico, angustia, desesperación y desamparo. Rebelión silenciosa, que crean que no existimos, que estén seguros de que no existimos, boicot e indiferencia.
            La dominación política que ejerce la corporación estatal no es posible sin apalancamiento económico; la dominación económica que ejerce la corporación transnacional no es posible sin apalancamiento político; por supuesto, ante todo gracias a la voluntad de nuestro señor dios. Si bien intervienen otros elementos, estos son los tres pilares fundamentales sobre los cuales se sostienen nuestra avanzada, desarrollada y civilizada sociedad. Desafortunadamente, “Revolución” y “transformación” o son palabras empleadas erróneamente o simplemente no es la vía para nuestra lucha en contra de la explotación, pero lo cierto es que necesitamos con urgencia tomar una decisión global con fuerza de acción  local.
            Mi grado de abominable maldad sólo se compara con el grado de santa bondad de los buenos. Me he convertido en un criminal de la mitología humana, al desear la muerte de todas sus fantasiosas, abstractas, irresponsables, anónimas y metafísicas deidades, llámese dios, estado, capital, patrón y toda forma de manifestación de opresión, dominación, explotación y autoridad.
            Veremos compañeros, y esto lo saben ustedes tanto como yo, que una sociedad libre e igualitaria no es posible con el auspicio de una clase en principio frecuentemente oprimida y luego normalmente opresora, sino con la supresión del patrón y su patrocinio que propicia la diferenciación de clases. Es necesaria la abolición del principio de autoridad y sustituirlo por los de autonomía, autoorganización y solidaridad.
            Veremos nosotros compañeros, lo que es un genuino ejemplo de solidaridad, cuando cada uno, sin apelar a ningún poder o mandato más que el propio de cada uno, no conferido a nadie más que a cada uno, ha decidido cada uno brindar apoyo. Eso compañeros es genuina solidaridad, la solidaridad en una causa, la causa de una lucha, la lucha que nos hace libres e iguales.
            Soy apolítico. La lucha contra la clase política y la estructura estatal –que empeñan en mantener hasta el más “revolucionario” reformista de los socialistas burgueses, para ejercer la dominación- no me hace político. Simplemente no puedo ser pasivo ante este ejemplar de parásitos que viven a expensas de nuestras necesidades. Que el temor los embargue y huyan despavoridos todo aquel que pretenda representarnos.
            La autoridad es un vicio y un desperdicio, desechémosla; sólo un esclavo puede distinguir a un gobierno como bueno o malo, el hombre libre lo rechaza y se le opone.

sábado, 26 de marzo de 2011

La propiedad es un robo. El lujo es un crimen

¿Qué es la esclavitud? La esclavitud es el asesinato ¿Qué es la propiedad? La propiedad es el robo. De este modo- con esta simple y análoga transformación, de la que Joseph Pierre Proudhon tenía la certeza de no ser comprendido - se inicia el desarrollo de la obra "¿Qué es la propiedad?" del mencionado filósofo político y pensador anarquista francés. Cada vez que hablo de propiedad me resulta inevitable hacer mención de esta célebre obra; basado en ella, y sobre la base de aquella frase: “La propiedad es un robo”, intentaré de manera breve desarrollar este artículo. Quieran o no quieran los dignatarios propietarios, lo admitan o no en nombre de la esclavitud del progreso y la civilización, la propiedad es un robo. 

La propiedad es un robo, puesto que el propietario se adjudica riquezas que resultan de la explotación del hombre por el hombre, de la mafia de los privilegios de una minoría, de la malversación de privilegios de una autoridad y de quienes le rodean y se benefician de esta mafia; la propiedad es un robo, puesto que resulta de la explotación de la naturaleza por el hombre, que repercute en la destrucción ecológica del habitat de otras especies. La propiedad es un robo, puesto que el propietario se adjudica riquezas que por naturaleza deben seguir siendo de todos, por lo tanto la propiedad no puede considerarse como un derecho natural; la propiedad es un robo, puesto que de ella deviene el acaparamiento de los medios de producción. Para asegurar las riquezas obtenidas mediante el robo, por medio del derecho coercitivo sanciona instrumentos legales a favor y en beneficio de sus propios intereses, que es la esencia auténtica del espíritu de las leyes. Nos han impuesto la idea de que no somos racionalmente capaces de vivir en un estado natural, y que por ello es necesario implantar una sociedad con derechos artificiales, creados con el único fin de ejercer la dominación e imponer el imperio de las leyes, el imperio de Dios, el imperio del capital y el imperio del Estado, que en nada han favorecido a la solución de los problemas fundamentales del hombre.
Considero que ha de tenerse un gran énfasis en este tema, porque esta especie superdotada de autómatas humanos no pueden ver más allá del mundo al que una minoría por conveniencia los han encaminado; necesitan que unos más o menos que otros tengan mayor o menor sensación de “progreso” para poder sostener la cadena alimenticia devastadora en la que nos encontramos inmersos.   En este sentido, la palabra que denota al sujeto “propietario” no puede ser otra cosa más que un sinónimo de la palabra que denota al sujeto “ladrón”; “ladrón” denota al sujeto en el contexto del hecho, mientras que “propietario” denota al sujeto en el contexto del derecho. Por lo tanto, propietario y ladrón no son expresiones contrarias ni contradictorias, sino la abstracción de un mismo sujeto actuando en dos contextos diferentes y concretos. Expresando lo anteriormente dicho en una frase más breve, concreta y condensada, al mejor estilo proudhoniano... el ladrón roba en hecho, lo que antes ha sido robado en derecho por el propietario.
Efectivamente, propietario no es más que un ladrón en derecho. Que se habrán creído estos farsantes moralistas de la mafia, generalmente burgueses socialistas o socialistas burgueses, que si algo tienen en común, es su interés por la causa social para explotarla, consumirla y vivir de ellas cual viles parásitos y chupasangres; hasta el robo se lo han tomado para sí.   Como ya he dicho, roban en derecho y privilegio cuando el robo legítimo resulta del hecho y la necesidad. Mundo deformado este, en el que hasta el crimen es burgués. 
De tal modo, cualquiera que sea la palabra que se utilice para adjetivar a la propiedad, realmente es de poca importancia, siempre será en sí misma un robo formalmente legalizado por medio del derecho coercitivo; llámese propiedad social o privada, colectiva o individual, estatal o ciudadana, siempre será esencialmente un robo. En lo que respecta particularmente a la propiedad social, será igualmente considerada un robo en el que sólo la minoría dirigente y populista del Estado obtiene beneficios de dicha propiedad.  “… ni el trabajo, ni la ocupación, ni la ley, pueden engendrar propiedad”. Joseph Pierre Proudhon.
“Cuando a centenares de miles de seres humanos les falta pan, carbón, ropa y casa, el lujo constituye un crimen” Piotr Kropotkin.
“Somos anarquistas por un sentimiento que es la fuerza motriz de todos los verdaderos reformadores sociales y sin el cual nuestro anarquismo seria una mentira o un sin sentido. Este sentimiento es el amor por los hombres, es el hecho de sufrir por los sufrimientos ajenos. Si como, no puedo comer a gusto al pensar que algunos mueren de hambre; si compro un juguete para mi hijo y me alegro de su felicidad, mi alegría se amarga al ver ante el escaparate niños con los ojos anhelantes que podrían ser felices con un títere de dos reales y no pueden tenerlo; si me divierto, mi espíritu se entristece al recordar que en prisión gimen muchos seres humanos; si estudio o realizo algún trabajo que me gusta, siento algo así como un remordimiento al pensar que tantos hombres con mayor ingenio que yo están obligados a desperdiciar su vida en una ocupación alienante, muchas veces inútil o perjudicial. Puro egoísmo, como ven, pero un egoísmo al que otros llaman altruismo, y sin el cual, como quiera que se le llame, es imposible ser realmente anarquistas.” Errico Malatesta