"Entre
campesinos, trabajadores y estudiantes". Es una publicación destinada a
ser distribuida en los campos, fábricas y zonas industriales, líceos y
universidades, en los alrededores de Maracay y en lo posible en toda Venezuela.
Dicha publicación comprende una sección de TEXTO ANARQUISTA RECOMENDADO DEL
MES, BIOGRAFÍA ANARQUISTA DEL MES, FRASE ANARQUISTA DEL MES, DEFINICIÓN DE
TÉRMINOS ANARQUISTA DEL MES, los cuales serán seleccionados según el criterio
de anarquistas nacidos en el mes en curso. "Entre campesinos, trabajadores
y obreros" está inspirada en la necesidad de difundir y divulgar
información teórica sobre el anarquismo, sembrando la semilla de la educación
libertaria y sus principios, de tal manera que no deformen sus principios y
fieles a sus convicciones se proteste cuando pretendan ser deformados,
continuamente haciendo honor a la sensatez libertaria, haciendo a un lado a
aquellos compañeros que intenten reconciliar las ideas anarquistas con la
cooperación con los gobiernos o simpatizar de la economía capitalista,
transnacionales y sus dólares. No hay cabida para consentir tal vacilación
ideológica de nuestros principios ante este deforme discurso conservador de
anarquistas progubernamentales y reformistas. En este primer número fueron
seleccionados: Jean Guyau, nacido el 28 de octubre de 1854, y su libro
publicado en el año 1886 titulado "Esbozos de una moral sin obligación ni
sanción"; la biografía de Néstor Makhno, nacido el 27 de octubre de 1889 y
una frase de Max Stirner (25 de octubre de 1806) extraída de su libro "El
único y su propiedad" publicado en el año 1844.
Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.
el Zaratustra anarquista y rebelde.
miércoles, 9 de octubre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
12 de Octubre Anarquista
12
de Octubre de 1492, fecha que ha quedado reducida a mera polémica debido a la
estéril búsqueda de su interpretación o significación histórica y cultural.
Pero más allá de la miseria de un historicismo que además concibe la realidad
humana como producto del resentimiento, hay un hecho que prevalece que no
requiere de un inútil método historicista, sistemático y riguroso para
evidenciarlo, y no está condicionado por espacio geográfico o momento
histórico, esto es el eterno retorno de la explotación, la opresión y la
tiranía. Hablamos de la tiranía y la dominación que ejercieron los
conquistadores españoles sobre los indígenas hace 521 años y no estamos
conscientes de las nuevas formas de tiranía con las que nos oprime el sistema
actual, no menos dominante y opresor que los conquistadores españoles; más aún,
la opresión en las comunidades indígenas, las cuales también tenían sus
jerarquías y sus estructuras de poder, no llegó con la corona española, pues el
imperio Inca como el azteca fue tan sangriento como cualquier otra experiencia
sanguinaria en la historia de la humanidad.
Porque hoy día resistimos ante este sistema capitalista y estatista, opresor, explotador y corruptor. Porque la resistencia indígena de hoy día se ha domesticado ante prebendas estatales que ofenden su dignidad, a cambio de ser desplazados y dejar el camino abierto al estado, para otorgar concesiones a transnacionales para la explotación forestal y minera. Porque han desnaturalizado el carácter originario de las comunidades indígenas.
Porque hoy día resistimos ante este sistema capitalista y estatista, opresor, explotador y corruptor. Porque la resistencia indígena de hoy día se ha domesticado ante prebendas estatales que ofenden su dignidad, a cambio de ser desplazados y dejar el camino abierto al estado, para otorgar concesiones a transnacionales para la explotación forestal y minera. Porque han desnaturalizado el carácter originario de las comunidades indígenas.
Estamos
en contra de:
ü Los
decretos de resistencia. La resistencia indígena de hace 521 años ni ninguna
otra resistencia como la nuestra no se decreta, ni se concede en papel de
regalo capitalista ni estatal.
ü El
estado y sus concesiones a transnacionales para la explotación de minerales,
que además han ocasionado desplazamientos y atropellos en las comunidades indígenas, para convertir
esa tierra donde viven en otro emprendimiento industrial, minero o forestal.
Tales son los casos de IIRSA y la carboléctrica
en Guasare (Edo. Zulia).
ü Las
condiciones no “originarias” de nuestras comunidades indígenas “originarias”:
salarios, títulos de propiedad, cedulación, nacionalización, derechos
constitucionales, todos ellos productos no “originarios” de la forma de organización “originaria” de
nuestras comunidades indígenas.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Mi hediondez ante el juzgado anarquista
En lo absoluto, no existe nada de
inédito, sólo la continuidad infinita de un ciclo de nunca acabar. Nuevas
formas de tiranía dan paso a nuevas formas de rebeldía, hasta que la
desgraciada humanidad, que tanto daño oculta en el engaño de una ilusión, que
tanto sacrificio ha demandado para alcanzar su destructora y fracasada idea de
evolución y progreso, adquiera conciencia de sí misma, uno a uno cada uno.
Me considero un anarquista con
aspiración de comunismo anarquista y con corazón de anarquismo individualista. Es
mi convicción, con la que coinciden
muchos compañeros y divergen otros muchos más, que en comunismo anarquista es
posible el pleno desarrollo de cada uno por igual y a su vez, la garantía de nuestra
anhelada libertad, que no se anuncia ni se decreta en la ficción de un papel constitucional. Un desarrollo individual y una
libertad que nos facultará de una continua prudencia que comienza en cada uno, y
que nos mantendrá siempre alerta ante el también continuo resurgir de lo
estático, lo estatuido, el estatismo y la institucionalización; una precaución, que ante la amenaza de lo
estático, lo estatuido, el estatismo y la institucionalización, no se delega en
ningún organismo corrupto y corruptor, sino que es ejercido por cada uno y no
todos mientras no se incluya a cada uno.
Mi postura de rechazo frente al capital,
las fronteras, los estados-naciones, las patrias, los gobiernos, la
explotación, el maltrato animal, como fuentes de la discordia humana, concuerdan
con muchas ideas del anarquismo, después de todo creo que el anarquismo también
es un sentimiento que se basa en las experiencias de injusticias, desigualdad y
tiranía vividas, pero tan marcadas coincidencias no me hacen necesariamente
anarquista. Estas ideas y estos anhelos no son exclusivos del anarquismo, y la
diversidad humana, el mismo anarquismo y menos aún mi propia existencia, la
someteré a tal reduccionismo mental que conlleva a la intolerancia y al juicio.
Ningún concepto me agota y menos aún cuando de forma gratuita gano el repudio
de los también considerados anarquistas como yo. Si recibo el desprecio y el
juicio de los considerados anarquistas, tal vez sea porque yo no lo soy, y qué
importancia tiene este hecho insignificante, si mi causa responde a mis
circunstancias y mis circunstancias son únicas, conocidas y comprendidas
únicamente por mí, que las he vivido, las vivo y las viviré. Si en la abstracción del anarquismo y sus
expresiones autoritarias, despóticas, conservadoras, reformistas y socialdemócrata,
no hay respuesta ni consideración a esto, pues esto que se conoce como
anarquismo me ha quedado pequeño, y en realidad me importan poco las etiquetas,
impuestas o asumidas, aceptadas o rechazadas, que niegan mi realidad, mis
causas y mis circunstancias.
Sin embargo, indefectiblemente no dejo
de simpatizar con el anarquismo y menos aún con este mensaje de Errico
Malatesta, siempre oportuno para todos los anarquistas sin distinción de
contexto geográfico o histórico: “"Hay anarquistas que prevén y preconizan
otras soluciones, otras formas futuras de organización social; sin embargo,
ellos quieren, como nosotros, destruir el poder político y la propiedad
individual: quieren, como nosotros, que la organización de las funciones
sociales se haga espontáneamente, sin delegación de poder y sin gobiernos; como
nosotros, quieren combatir a todo trance y sin tregua hasta la completa
victoria; ellos son compañeros y hermanos nuestros. Aparte, pues, todo
exclusivismo de escuela; entendámonos más bien sobre el camino y sobre los
medios, y adelante."
El único respeto que espero y merezco es
el mío propio y mis circunstancias me hacen responsable sólo ante mí. Están
demás los reyes, los jueces y las leyes bajo las cuales instalan sus juzgados,
pues lo poco civilizado que soy me ha convertido en el estiércol que defeca la
civilización, y es natural que los de naturaleza artificial aborrezcan la
mierda y sus olores.
Pero
cuando mierda y sus olores se trata, me he
percatado de la capacidad que tengo de imitar a ciertas especies humanas de
animales, escribo y hablo bonito acerca de pendejadas ajenas a la vida real...
y cuales son estas especies? los poetas, intelectuales y científicos. Habría
que ser humano demasiado humano para dejar de leer y escribir, o al menos para
reconocer cuando se está escribiendo o leyendo porquería.
En esta instancia se juntan Thomas Kuhn con Ortega y Gasset,
cuando la misma comunidad científica se muestra como una masa amorfa con
hombres-masa en defensa de su credo o paradigma a punto de ser vencido, porque
para ser masa no se necesita reclamar derecho de vulgaridad, también se puede
ser masa siendo sofisticadamente, refinadamente y exquisitamente intelectual,
científico o cualquier otra especie que se les parezca, por lo que las minorías
excelentes y las mayorías que no lo son, es una simple cuestión de apariencia,
es una ilusión propia de la miseria humana, pues tienen más en común que las formas
que los diferencia: unos creen que con lo que saben es suficiente, los otros
han aprendido a utilizar el discurso de la sencillez y la humildad para
expresar que no saben nada, aunque ciertamente en realidad saben un poco más
que aquellos, y en esa humildad ocultar su macabro interés; he allí porque son
minorías excelentes, porque es otro nivel de masa, la masa minoritaria que
desea dominar a la masa mayoritaria, y no hay hombre-masa de la segunda
categoría que no pretenda ser parte de la exclusividad minoritaria para
controlar a las mayorías.
Las palabras y el lenguaje se tornan insustanciales,
instrumentos de una falsa estética que niega lo real y oculta lo esencial,
empleadas para hablar de lo que se desconoce y no se siente; hablar del hambre
sin conocer el hambre y así lo mismo con la miseria, la injusticia y el amor.
Intelectuales, poetas, artistas y científicos, se convierten en la masa
minoritaria administradora del pensamiento de la masa mayoritaria; no aspiran
el librepensamiento, pretenden el sometimiento, la
obediencia, la resignación y aceptación de un mundo que huele a mierda, o mejor
dicho, para los susceptibles de "oído", un mundo pestilente con hedor
a estiércol, para que no sientan repulsión o ansias de regurgitar. Sus palabras
son el barniz con el que recubren lo vacío.
miércoles, 31 de octubre de 2012
El aullido de un lobo estepario
Permanecí
en Larkhill, un lugar en el que miré transcurrir más de la mitad de los años de
mi existencia, cumpliendo la condena que probablemente merece todo aquel que
teme a la libertad y resignadamente se enorgullece de la condición de esclavo. Aunque
no se trata de un centro penitenciario, si posee rasgos análogos al panoptismo,
caracterizado por la vigilancia, control y corrección de los individuos, siendo
cuidadosa y minuciosamente estructurado de forma piramidal y jerarquizada, pues
sólo de esta forma puede darse cumplimiento a tales fines; un perfecto sistema
carcelario, basado en el vil engaño de la legalidad y la moralidad de personas legalistas
y moralistas, que no actúan conforme a ninguna ley (predominantemente procedente
del derecho romano) ni moral (predominantemente procedente de la religión cristiana),
que no sea la de la ley y la moral situacional de la conveniencia de sus intereses.
Abundan los farsantes, nos rodean y envuelven a través del espectáculo de sus
circos con el que pretenden aparentar lo que no son, ocultando sus sucias y
verdaderas intenciones.
Igualmente esclavos, si sabemos
callar aseguraremos vivir en permanente libertad condicional, de lo contrario,
el sistema carcelario que sostiene esta sociedad enferma desarrollará e
intensificará otros métodos, te encerrará, aislará, neutralizará e incomunicará,
hasta que tu voz jamás vuelva a escucharse y seas olvidado por completo. Pero
el esclavo en libertad condicional también quedará incomunicado, no sólo por el
hecho de tener que guardar silencio, sino porque será aturdido y saturado de
información desperdicio que lo disuadirá hacia asuntos corrientes e
irrelevantes. Todo esto con el único fin de debilitar la fuerza de la libertad.
Cual lobo estepario, vagando
solitario, sin hogar, nómada y errante, tristemente dejo salir mi aullido ante
una sociedad indignada de manera deprimente e inoperante, mostrándome siempre
como enemigo, no sólo de una opulenta burguesía, sino también de una pequeña
burguesía conscientemente ignorante y carente de personalidad, en la que por
egoísmo se han sumido los de abajo, los desposeídos, los obreros y campesinos,
que con poco o casi nada, ingenuamente adoptan la forma de vida burguesa, más en
lo espiritual que en lo material.
He buscado la libertad, siempre
huyendo de la manada y haciendo frente a esta sociedad enferma y sus vacías convenciones
sociales, pero es necesario hacer como Zaratustra, cuando al levantarse una
mañana, se dirigió al sol diciendo: “¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad
si no tuvieras a aquellos que iluminas!”. Es necesario enseñar y educar, que nada
tiene que ver con la enseñanza y la educación que imparte el sistema educativo
actual; requerimos crear nuevas formas de enseñanza y educación, propias del
librepensamiento, de lo contrario el dogmatismo nos habrá ganado la lucha sin haber
actuado.
No es fácil el desafío que tenemos
al frente, pero tampoco es difícil y mucho menos imposible. Contamos con
nuestra humildad y coraje como referente para otros lobos; somos desprendidos;
no deseamos ser líderes de masas o rebaños; no deseamos poder alguno, ni
político ni económico; somos libres y solitarios, pero siempre hermanos. Así
pues, que el único fin de mi libertad, es que todos seamos libres creando un
mundo mejor.
Ha finalizado la lucha dentro del
panoptismo militar, pero la lucha continúa fuera de ella.
“La
base fundamental del método anarquista es la libertad, y por lo tanto, luchamos
y lucharemos contra todo lo que viole la libertad (libertad igual para todos),
cualquiera sea el régimen dominante: monarquía, república u otros.” Errico
Malatesta.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Bolívar y la Anarquía. Trastorno de pánico de un autoritario (Parte I)
Si la anarquía es orden sin autoridad, y no aquel sentido erróneo que se ha formado a base de infamias, que considerando a la autoridad como una condición necesaria y deseable, es asociada al desorden debido a la ausencia o falta de ésta, sino en el correcto sentido de prescindir de la autoridad para alcanzar un mundo mejor, puesto que más de tres mil años de barbarie monárquica y estatal evidencian un sinfín de experiencias de pugna por el poder, que resulta en una minoría privilegiada ajena a la miseria, el hambre y la pobreza que padecen todos los pueblos del mundo, no quedando duda alguna, de que quienes justifican la autoridad viven su propia utopía autoritaria. Si la anarquía es orden sin autoridad y un anarquista es “cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella”, o bien, aquel a quien “le compete la especial misión de ser custodio celoso de la libertad, contra los aspirantes al poder y contra la posible tiranía de las mayorías”, y dondequiera que haya un autoritario habrá un anarquista o un libertario, entonces esto explica como un autoritario sufre de trastorno de pánico cuando en sus oídos resuena la prodigiosa anarquía, reaccionan con resentimiento, afirmando que los anarquistas son ilusos, soñadores y utópicos, pero señores, estamos a la par, es su utopía autoritaria frente a nuestra utopía libertaria, y el sentimiento intuitivo, analítico, empírico, racional, informal y formal, de la libertad, la justicia y la igualdad, de anarquistas y libertarios, es más fuerte y prevalecerá ante su codicia, mentiras y engaños. No necesitamos a la autoridad, es desperdicio, la desechamos por inútil, parásita, delincuente, por criminal y mafiosa. Que existan anarquistas y libertarios, les produce angustia y desesperación, les carcome la existencia, perturba su amor y apego al poder y al gobierno.
Me referiré al caso de trastorno de pánico “anarquía”, de un autoritario con tradición histórica en esta localidad: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar de la Concepción y Ponte Palacios y Blanco. Para ello, he recopilado algunos de sus documentos, en los que desvirtúa y deforma la anarquía, e intentaré encontrar una respuesta al repudio exacerbado que por ella sentía, un sentimiento totalmente contrario al expresado por Coto Paúl en una de las sesiones realizadas por la Sociedad Patriótica, creada luego de los sucesos del 19 de Abril de 1810, y dio inicio a la efímera Primera República.
Efectivamente, el 4 de Mayo de 1812, el entonces Teniente Coronel Bolívar, una vez que recibió la plaza de Puerto Cabello tras un ofrecimiento de Miranda, el 6 de Junio de ese mismo año -en condiciones extrañas, incomprensibles, ocultas o simplemente no visibles para la historia y sus narradores- unos prisioneros de guerra españoles desarmados, sometieron a la guardia y se apoderaron del lugar, mientras el “Napoleón de las retiradas” huía sin previo aviso hacia San Mateo. Ante esta pérdida, el General Francisco de Miranda se vio forzado a suscribir la capitulación el 26 de Julio de 1812, y cuatro días después, encontrándose en La Guaira, el Señor Bolívar previó encontrarse en ese mismo lugar con Domingo Monteverde, para entregarlo so pretexto de traición. El aristócrata caraqueño, por consentimiento del líder del ejército español, se dirige a Curazao y de allí a Cartagena donde escribe el Manifiesto de Cartagena.
Con este documento -“Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño” mejor conocida como “Manifiesto de Cartagena”- doy inicio a este recorrido de colección, por considerarse el primer escrito del ilustrado déspota, en donde explica lo que según él, son las causas de la pérdida de la Primera República. En las primeras líneas del mencionado escrito, expone lo siguiente:
“Libertar a la Nueva Granada de la suerte de Venezuela y redimir a ésta de la que padece, son los objetos que me he propuesto en esta memoria. Dignaos, oh mis conciudadanos, de aceptarla con indulgencia en obsequio de miras tan laudables.
Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria, he venido a seguir los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos estados.”
En estas líneas se aprecia una combinación de arrogancia –insinuando elogios para sí mismo- con una degradante actitud de súplica y víctima de sus enemigos, que resulta en una vil, acostumbrada y petulante sumisión. Además, se aprecia una evidente y manifiesta convicción por las ideas liberales, que son complementadas con algunas ideas utilitaristas, de las que ya he hablado en anteriores ocasiones, y que otros, hoy día insisten en llamar ideas socialistas. Posiblemente los socialistas petroleros del siglo XXI, no puedan discernir entre las ideas desarrolladas por John Locke en su “Tratado de gobierno civil”, y las ideas de Robert Owen plasmadas en “Nueva visión de sociedad”, o bien, con las de William Godwin en “Disquisición sobre la justicia política y su influencia en la virtud y felicidad de la gente”; como quizá, tampoco puedan distinguir entre jacobinos y socialistas utópicos, entre un Robespierre y un Babeuf.
Ante esta dificultad de discernimiento por parte de los socialistas petroleros del siglo XXI, es ineludible destacar, que el advenimiento de los estados-naciones es impulsado, a mediados del siglo XVII, hasta alcanzar su apogeo durante el transcurrir del siglo XVIII, por el devenir de la revolución francesa y la revolución industrial, ambas de carácter liberal y burgués, acompañadas de rebeliones y revueltas de la misma naturaleza, surgiendo así, su novedoso producto de dominación, control y poder político (la estructura nacional estatal, de origen liberal y burgués, permítaseme insistir en esto), que tanto gusto y atracción ha generado en los genios socialistas científicos -esto es, Marx, Engels y los marxistas, incluyendo tanto aquellos del catecismo original, como aquellos marxistas reformistas aparentemente evolucionados, que no vale la pena mencionar- y cuya justificación teórico-práctica, bajo la forma de República, derivó de la “necesidad de proteger” a los individuos, aunada al inserto y emergente vínculo nacionalista, el desarrollo industrial y el mercado capitalista del nuevo cerco de parcela de poder, dotándose de mecanismos basados en el derecho coercitivo, la constitución y las leyes, el engaño de la democracia y el derecho al voto, que le aseguran la sostenibilidad y perpetuidad del sistema, que hoy día, tanto socialistas como liberales, han convenido en denominar legitimidad y soberanía del Estado Social Democrático de Derecho.
Esta región conocida etimológicamente como pequeña Venecia o Venezuela, conocida en la actualidad política como República Bolivariana de Venezuela, e históricamente alguna vez conocida como Capitanía General de Venezuela, no pudo escapar, y como resulta obvio, no fue la excepción, del expansionismo de las ideas y pretensiones liberales-burguesas, a través de su estrategia práctica de fundar Repúblicas estados-naciones; muchos contribuyeron e hicieron aportes, vitales o mortales, de gran importancia o poca relevancia histórica, para la creación de esta República en Venezuela, pero quien es considerado el padre de la madre patria Venezuela y su “Libertador”, es el liberal, utilitarista y militarista, erróneamente llamado socialista: Bolívar y Ponte.
Luego de esta extendida, pero como ya dije, inevitable acotación, retomo la idea del señor Bolívar en su Manifiesto de Cartagena, en la que destaca a la anarquía como una de las causas de la caída de la Primera República. Como buen autoritario, la mayor preocupación de nuestro héroe estaba centrada en su firme disposición, a no incurrir en lo que es considerado el craso error de un maquiavélico príncipe, esto es, la debilidad de gobierno que lo conduzca a la pérdida de la emanación vitalizante de su poder, precaución que cuidadosamente tomó, dada la experiencia reciente del gobierno que presidiera Francisco de Miranda, quien luego de recibir el nombramiento del congreso, con poderes dictatoriales, el mismo Bolívar participó para darle fin; he aquí una de las manifestaciones de libertad, justicia e igualdad: si el congreso nombra y aprueba, el pueblo es soberano y el gobierno es legítimo. Sin embargo, el gobierno de Venezuela había adoptado la forma federal, que aunque no era precisamente la forma de asociación política federalista propuesta por anarquistas, caracterizadas por la libre asociación y por una condición libertaria determinante, basada en la autonomía y la autogestión, aún así tendría ciertamente, algunos rasgos en común, suficientes para no ser bien visto por nuestro arbitrario personaje, a quien le irritaba, y por consiguiente negaba, el derecho del hombre a regirse por sí mismo; para ello, y con una gran ambición de poder, proponía la unión centralizada de todas las provincias, la forma ideal, deseable, transitoria, y por siempre bien justificada, por todo espécimen autoritario.
“Cada provincia se gobernaba independientemente; y a ejemplo de éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades alegando la práctica de aquéllas, y la teoría de que todos los hombres y todos los pueblos gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno que les acomode.”
Bolívar, luego de apoyar varias expediciones en Cartagena, Santa Marta y Pamplona, se dirige a Bogotá, en donde es ascendido a General y recibe ayuda por parte del Congreso de Nueva Granada, para dar inicio el 14 de mayo de 1813, a la campaña que luego se conocería como “Campaña Admirable”, con el fin de recuperar las provincias de Venezuela que se encontraban en manos del ejército realista español, luego de la capitulación de Miranda el 26 de julio de 1812. El 23 de mayo de 1813 llega a Mérida, donde es aclamado como Libertador; el 14 de junio de ese mismo año llega a Trujillo, en donde dicta su criminal, sangrienta, divina y omnipotente proclama de guerra a muerte, en la que establece los criterios de vida y salvación de propios y extraños. Los patriotas -guiados por José Félix Ribas, Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte y Rafael Urdaneta- en su andar, hasta la final ocupación de Caracas el 7 de agosto de 1813, obtuvieron las victorias de Niquitao, Los Horcones, Taguanes y Los Pegones, que les permitió ocupar las provincias occidentales de Venezuela, situación que condujo a la proclamación de Bolívar como dictador y libertador transitorio de dichas provincias, ejerciendo de esta manera el mando supremo y absoluto de las mismas; de igual manera ocurrió con Santiago Mariño en las provincias de oriente (Cumaná y Barcelona), recibiendo el título de dictador de las provincias orientales.
En los últimos meses de 1813, el militar y caudillo español José Tomás Boves aparece en el escenario de la Segunda República; Bolívar preocupado por fortalecer su poder ante los estragos causados por el “Azote de Dios” –denominación que le hiciera el mismo Bolívar a Boves- pronuncia en Caracas, el 2 de enero de 1814, un discurso a fin de dar cuenta de sus acciones como jefe militar y jefe de Estado, en el que denota un notable y virtuoso esfuerzo por justificar la imperativa bondad que lo sumía en la desesperada decisión de admitir y conservar el título de dictador que se le confirió, y que tanto desprecio le causaba por su naturaleza tiránica. Es el caballero de la “espada libertaria”, el mismo que odia a la tiranía y a la opresión, el mismo que alega la necesidad de una dictadura como medio para agraciar al pueblo con un estado y un gobierno que lo dirija. Consideraba a la anarquía como el mayor peligro para su recién conformada Segunda República, y salvarla de esta amenaza al acecho –tomando en cuenta que la noble clase de gobernantes jamás manifiestan expresamente sus autoritarias intenciones, y hacen todo cuanto sea posible para no evidenciarlas- implicaba, siendo el engaño un rasgo natural característico del poder, realizar esfuerzos para redimir, refrescar, renovar, reformar y rescatar, a través del discurso, la imagen del poder, contando para ello con algunos adjetivos útiles y frecuentes, tales como “popular”, “legítimo” y “soberano”, acompañado de la idea aberrante de leyes liberadoras, que por medio de la manipulación, la demagogia y el populismo, sólo fortalecen y perpetúan los privilegios de una minoría en perjuicio de una mayoría, consolidando su supremacía a través del constitucionalismo, la falsa necesidad de un gobierno, y su único legado, las leyes con las que nos mantienen encadenados.
“Os he dado leyes; os he organizado una administración de justicia y de rentas; en fin os he dado un Gobierno.”
Ésta es la libertad promovida por liberales europeos de los siglos XVIII y XIX, que influyó en los liberales aristócratas de la gesta emancipadora latinoamericana del siglo XIX, y a la que hoy rinden tributo y honor los socialistas petroleros del siglo XXI; una libertad basada en el mito de aquél siglo XIX, de que nuestros pueblos se hacen libres formando estados-naciones y Repúblicas. Según ellos y según la razón histórica aún vigente hoy día, nos obsequiaron la libertad, y por tanto, a ellos debemos eterna rendición de culto y honor, cuando simplemente cambiaron unas cadenas por otras, otras cadenas que ellos controlaron y que actualmente continúa controlando una minoría de la clase política gobernante de turno. Muy apasionados por su poder sobre otros, y jactanciosos de felicidad, éxitos y logros, se maravillan y vanaglorian por habernos sentenciado a las cadenas de las leyes y el gobierno.
“Los constructores de repúblicas ideales querían dar la libertad al pueblo, más la libertad dada deja de ser libertad”, María Luisa Bernieri.
El 15 junio de 1814, los ejércitos patriotas de las provincias de occidente y oriente, conducidos por Simón Bolívar y Santiago Mariño respectivamente, a pesar de unir esfuerzos para enfrentar las huestes de Boves, fueron derrotados en la segunda batalla de La Puerta, que da fin a la Segunda República de Venezuela. El ejército patriota fue exterminado, y una vez más, Mariño y el “Napoleón de las retiradas”, logran huir incluso antes de que se diera fin a la batalla. En el afán de repetir los resultados de la Campaña Admirable, Bolívar zarpó en dirección a Cartagena y se involucró, entre otros hechos, en una conspiración para derrocar el gobierno de Cartagena, mientras que en Venezuela, José Félix Ribas, Antonio Ricaurte y Atanasio Girardot, todos líderes de aquella campaña, perdían sus vidas en pleno conflicto.
Al ser definitivamente rechazado, se dirige a Jamaica. En Kingston, el 6 de septiembre de 1815, nuestro héroe, análogamente al Manifiesto de Cartagena, escribe la Carta de Jamaica, en la que expone las causas que provocó la caída de la Segunda República y la justificación de una más de sus huídas. Menciona a la anarquía como una amenaza para sus aspiraciones de poder, infiriendo que su anulación sólo es posible a través de las cadenas de un gobierno “legítimo”, “justo” y “liberal”, es decir, aunque los socialistas petroleros del siglo XXI se afanen en decir lo contrario, lo del ilustrado déspota no es más que una concepción contextualizada en el sistema liberal que justifica el gobierno y la opresión, si la conservación o aspiración al poder lo amerita; de hecho, nada diferente a su concepción de engañoso socialismo que ciertamente está más cercano al liberalismo y utilitarismo de Bolívar, salvo algunos rasgos propios del autoritarismo populista, demagógico y manipulador, sostenidos por los ingresos de la explotación petrolera. Para nuestro idolatrado héroe, tal es su condición autoritaria, demagógica es la anarquía, simplemente por enseñarnos que no necesitamos dioses, gobernantes, mesías, ídolos, ni ninguna otra representación basada en el principio de autoridad, y por consiguiente, enseñarnos que un mundo mejor es posible a través de la libre y voluntaria asociación de los individuos, basada en la igualdad, un mundo sin diferencias, sin jerarquías, basado en la libertad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad y el apoyo mutuo.
martes, 27 de septiembre de 2011
El primer profeta populista del verdadero nacional-socialismo alemán.
Desconozco todo mérito de la filosofía marxista, por lo que me considero un impetuoso blasfemo dedicado a envilecer las rigurosas expresiones de ciencia del científico Karl Marx, recalcando la condición de ciencia, para distinguir su doctrina, aunque sea con una delgada y fina línea que lo diferencie de la doctrina de su compatriota teólogo Martín Lutero. Vulgar de la ciencia, representante del clero académico, genio burgués, profeta clarividente, autoritario, nosferatu intelectual, docto de infinita sabiduría, patriarca de excesivo talento, iluminado populista, burócrata superdotado y sumo pontífice del socialismo, son algunos de los calificativos que le he dedicado al señor Marx. Mientras recopilaba los recién mencionados calificativos del susodicho caballero, advertí que no sólo describía un espécimen en concreto, sino todo un género, que reunía todo un conjunto de especies con rasgos en común: los alemanes, entre ellos, Georg Hegel, Adolf Hitler, Martin Heidegger y Friedrich Engels, aunque este último significara lo mismo que volver a mencionar a Marx, y éste a su vez, significara lo mismo que volver a mencionar Hegel.
Sin embargo, respetuosamente he procurado compensar la mención del quinteto de ideólogos alemanes claramente definidos, contraponiéndoles nada más y nada menos que al siguiente cuarteto: Heinrich Heine, en quien se resalta la elegancia y la sencillez del idioma alemán, plasmadas y evidenciadas en sus poesías y ensayos, todo un escritor crítico, polemista, satírico y muy especialmente, a pesar de haber sido alumno de Hegel e influenciado tempranamente por sus ideas, llegó a convertirse en todo un subversivo de la filosofía hegeliana; Arthur Schopenhauer y su voluntad de vivir, en lo particular, una sutil armonización de la filosofía occidental con la oriental, y se opuso a la escuela metafísica e idealista postkantiana, específicamente a Hegel; Max Stirner, que a pesar de haber sido influido por un mundo en el que reinaba la dialéctica hegeliana, ofrece, a mi modo de ver, una perspectiva en la que vence la referida dialéctica, el idealismo y el realismo, con el mismo uso de la dialéctica, plasmado en su obra: “El único y su propiedad”; Friedrich Nietzsche, que nos dejó la muerte de dios, la transmutación de los valores, la voluntad de poder, el superhombre, como aquel capaz de vencer la moral de esclavos y la moral de rebaño. Pero bien es sabido, como diría Ortega y Gasset, que la masa no piensa ni actúa por sí misma, han seguido continuamente con obediencia, sumisión, instinto de fidelidad y servilismo, el camino que muestra una interpretación interesada y conveniente de unos pocos, los “genios”; Albert Camus crítica a Nietzsche, por haber dejado una puerta abierta a la tiranía y el dominio de los “grandes individuos”, la misma puerta que en algún momento utilizaron Hitler y sus nazis, pero como he dicho, la masa no piensa ni actúa por sí misma, necesita ser dirigida, pues ha nacido para obedecer y servir, lo impersonal oculto en la generalidad, fantasmagoría sin identidad, un todo que es nada y es todo a la vez, nada porque es inútil, todo porque su mera y vaga existencia es determinante.
Retomando el quinteto inicial de ideólogos alemanes, aunque todos tienen en común los rasgos característicos indicados, resalta entre ellos, a pesar de no ocupar el sitial de honor, Martin Heidegger, quien afirmó que sólo es posible filosofar en griego o en alemán, puesto que la filosofía es la forma auténtica del pensar europeo. Es posible que la charlatanería y la prepotencia sean exclusivas de los alemanes, que además alegan la posibilidad real manifiesta en ellos, de un saludable sentimiento nacional, lo que cabría igualmente posible encontrar que entre ellos existan burgueses buenos y honrados (los socialistas científicos o marxistas), porque en su fraterna solidaridad burguesa se percataron de la explotación que padece el obrero, y éstos necesitan de los científicos burgueses para su emancipación.
Si sólo se filosofa en alemán, y han sido sus ideas las que han imperado en este mundo, entonces no cabe duda de que el mundo es lo que es, por la simple razón de que se ha sometido a merced de estas ideas. Haciendo a un lado al idealismo dialéctico de Hegel y su noción de estado, quien ocupa el sitial de honor de este quinteto, es el iluminado populista Marx y su marxismo, y dadas las experiencias históricas analizadas a la luz de la prédica de su historicismo, sólo se reduce a una expresión burda de práctica revolucionaria, de la que se evidencia la ascendencia continua de una baja burguesía inconforme y ambiciosa, o más bien de profesionales de la clase media alta, igualmente inconformes y ambiciosos, que desean y aspiran cargos políticos con buenos salarios, so pretexto de luchar contra la alta burguesía, incluso negociando con ella, utilizando para ello al trabajador, quien también se presta para este cometido, todos con miras a salvar su existencia más inmediata y luchar por los intereses futuros, mientras se perpetúa la necesidad del trabajo y el apego al capital, sobre los cuales el trabajador queda desvalido ante la voluntad misericordiosa del empleador. La única conclusión práctica que puede obtenerse del marxismo, es que sencillamente nada hay que hacer, tenemos la sociedad que deseamos, nada hay que transformar, sólo esperar que hayan burgueses buenos y honrados, esto es, que hayan socialistas.
Considero que principalmente son dos los elementos que imposibilitan al comunismo anarquista: la burguesía y los nacionalismos. Mencioné y hablé brevemente acerca de la burguesía, pero sólo hice una sucinta referencia acerca de los nacionalismos. No tengo dudas al pensar que Marx fue el primer profeta nacional-socialista alemán y de allí en adelante implantó en el rasgo genético del marxista, un carácter nazi-fascista totalitario; junto a su fiel e inseparable discípulo Engels, advertían que los avances de la clase obrera en Alemania -dada su gran capacidad, dotes de disciplina, energía, firmeza y coraje, propias del linaje y la estirpe teutona- eran incomparables, un hecho sin igual y sin precedente alguno, y que por lo tanto se encontraba cerca del triunfo. Afirmaban que los obreros no tienen patria y contrario a ello exaltaba el movimiento obrero alemán en detrimento del francés. Nosotros los anarquistas siempre hemos sido objeto de cuestionamiento por parte del conclave marxista, al considerarnos soñadores, pero sin vacilación, definitivamente que su santo patriarca, en su sueño inútil, iluso e ingenuo, al creer que sería en Alemania donde ocurriría el primer gran triunfo de los obreros, demostró que los autoritarios también tienen su propia utopía, y puesto que estamos a la par, donde hayan autoritarios haciéndose del poder y sus privilegios, habrán anarquistas y comunistas libertarios haciéndole frente.
Se requiere de un esfuerzo de titánicas proporciones para hacer frente al dogma historicista e histórico que mantiene atado el anarquismo al socialismo, posición esta que de seguro despertará opiniones contrarias y en favor del conservadurismo teórico; empero, lo que si resulta evidente, más allá e independientemente de la vinculación histórica entre el anarquismo y el socialismo, es que cualquier corriente de pensamiento posible del siglo XIX, se sostenía por el andamiaje de aquel hegelianismus que desempolva, restituye, sofistica y moderniza a la dialéctica, en la que ambas –anarquismo y socialismo- no fueron la excepción de esta influencia.
De hecho, aún hoy padecemos de la fe dialéctica de Hegel y su más trascendente consecuencia: Marx; un Marx que ni siquiera alcanzó a ser marxista, sino que permaneció autoengañado en el cobijo que le brindó el idealismo hegeliano, pues juraba que revolucionaba el método al cambiar pensamiento por materia, de la misma manera que se engañó al creer que revolucionaba la sociedad quitándole el estado a los burgueses para dárselo a los obreros. Desafortunadamente, el mismo Stirner fue alcanzado por esa influencia, porque siendo alemán, definitivamente era casi imposible no ser víctima de ese dogma de fe; sin embargo, más desafortunados son aquellos que no siendo alemanes siguieron, siguen y seguirán ese camino.
En todo caso, la simpleza de la dialéctica sólo permitiría explicar fenómenos simples; la dialéctica no es un requisito de análisis e interpretación del anarquismo, sólo es una herencia dogmática que hoy día es necesario deshacernos y desprendernos de ella. Después de todo, la injusticia, la tiranía y la desigualdad, no dejan de ser tales por dejar de pensar "científicamente" en dialéctica. La dialéctica es la flojera de pensar que conduce a la necesidad de condiciones autoritarias marxistas, o más bien hegelianas, y por lo tanto hay que caerle a martillazos.
Efectivamente, necesitamos, mejor tarde que nunca, que la revolución anarquista se extienda al ámbito epistemológico. Es hora que la anarquía escape de la prisión dialéctica en la que se le ha encerrado, impidiendo su desarrollo pleno; la prisión de este templo está custodiada rigurosamente por fieles sacerdotes del credo dialéctico, pero si podemos lograrlo. Hemos caído en el estúpido juego de los marxistas, al desarrollar variantes interpretativas de la dialéctica, y de este modo surgieron un sinfín de modelos inútiles; inútiles porque la sociedad humana es tan extraordinariamente compleja como para estudiarla a través de la rudimentaria óptica simplista de la dialéctica, tan arbitrariamente lineal, que denota dejadez. Dialéctica… al museo.
Anarquía, entre otras tantas cosas es la superación del mediocre pensamiento dialéctico y binario de la mente humana, que le impide apreciar y contemplar la belleza, armonía y sutileza del caos; nos condenan a lo básico, lo primitivo y lo unidimensional. Nos engañan y ocultan el auténtico orden en el orden que nos imponen para conservar el poder a costa nuestra.
Por alguna razón de oscurantismo dogmático del sofismo y, la razón lógica y teórica, ha prevalecido un marxismo que se impuso a través del plusvalor epistemológico, aquel valor no tomado en cuenta, de los aportes, esfuerzos y trabajos realizados por otros. Al más auténtico estilo alemán, para sistematizar teorías, recopiló y adaptó los trabajos de Malthus (teoría del valor), Proudhon (plusvalía), Adam Smith (modos de producción), Guizot (lucha de clases), Hegel (dialéctica) y Feuerbach (materialismo histórico), de los que Marx se apropió gratuitamente; aunado a esto, al escribir “Miseria de la filosofía”, no pudo ocultar el desprecio que sentía por Proudhon. Tal como afirma Everth Provoste: "Todo lucubro de Marx destruye a Marx (...) Carlos Marx fue un suicida idelógico: lucubró la idea del suicidio ideológico"; este señor –Marx- es un suicida ideológico que nació autoritario y fracasado.
Como buen autoritario, el materialismo histórico de Marx no es más que un idealismo materialista que surge motivado a un esfuerzo análogo a la división de la historia cristiana, dentro de la ideología alemana, en un antes y después de Marx. Para ello tenía que desacreditar a predecesores y anular todo esfuerzo contemporáneo a el. Ni siquiera Marx es marxista, Marx es hegeliano.
Como buen fracasado, afirmaba que "el capitalista puede vivir más tiempo sin el obrero que este sin el capitalista”. Es la fiel imagen de cuanto socialista hay en este mundo, el Abraham del socialismo "científico" y la roñosa socialdemocracia. Señalaba que "el rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa", resultando evidente porque a través de su dialéctica, se obtiene en la práctica, como síntesis, una nueva clase opresora, antes supuestamente oprimida, y dotada de un espíritu burgués renaciente y vigoroso.
Precedido de Hegel, con Marx se fortalece la macabra combinación entre ideología alemana y religión hebrea, que equivale a decir: religión alemana o ideología hebrea; combinaciones tan peligrosas, como hablar de religión ideológica o ideología religiosa, o bien, alemán hebreo o hebreo alemán. Debo acotar, que cuando digo hebreo estoy haciendo referencia específicamente a las tres religiones monoteístas –judaísmo, islamismo y cristianismo- cuyo patriarca es Abraham, y son más parecidas de lo que suponemos e imaginamos. A estas especies en general, cualquiera que sea su combinación y sin distingo de lugar, las denomino “hebreos socialistas burgueses modernos” dotados de una gran habilidad sofista.
Superar la idea alemana y sus sistemas filosóficos socialistas-burgueses, como la acción francesa y su revolución liberal, son los retos que debemos asumir.
lunes, 12 de septiembre de 2011
El jacobinismo bolchevique petrolero del siglo XXI. Parte I
No soy científico marxista, ni mucho menos poseo título alguno de propiedad de conocimiento conferido por autoridades del clero universitario, que me prohíba o faculte –prohibición que no me detiene y facultativo que no necesito- hacer una modesta reflexión acerca de esto que conocemos por “revolución” y sus implicaciones teóricos-prácticas. Reflexión necesaria para cotejar aquello que se supone es y debería ser una “revolución”, de aquello que no lo es, y por tanto, no sería otra cosa más que una vulgar seudorrevolución.
Soy autodidacta, artesano de mi conocimiento, forjado por propia y espontánea inquietud, sin que alguien dirigiera lo que debo estudiar o leer, para cumplir con el molde que desea imponer; necesitamos erradicar aquella idea manipuladora de los científicos burgueses, engelsistas y marxistas, de que los obreros son ingenuos ignorantes, que no lo son, y los burgueses son genios científicos de la clarividencia profética, que obviamente tampoco son tal cosa. Los obreros además siempre tendrán lo que jamás poseerán los genios científicos burgueses, esto es, la pasión por la libertad y la fibra sensitiva por la opresión sufrida.
La revolución nacerá espontáneamente en los obreros y campesinos o no será, decir lo contrario es constatar la regla autoritaria del marxismo, de que un agente externo manipulador, ajeno al sentimiento del proletariado, le dará la liberación tan anhelada. Como verán, estos señores marcaron el camino del nacimiento del socialista burgués: el obrero es un ignorante y necesita ser dirigido para saber que debe hacer. Si continuamos consintiendo esta aberración, habremos perdido toda esperanza en la lucha por la igualdad, la libertad y la justicia.
Efectivamente, con su plan claramente puesto de manifiesto con el más vil cinismo, buscan apartarse y diferenciarse del resto de la burguesía, alegando ser los seres sobrenaturales, dotados de solidaridad, intelecto y ciencia, conocedores de la opresión que padece la clase obrera y por consiguiente de la forma en que han de lograr su emancipación, con lo cual sólo buscan elevarse por encima ella y deshacerse del resto de los burgueses. Pero elevarse sobre la clase obrera no les es suficiente -son buenos científicos que han experimentado con los obreros como si se tratarán de ratones de laboratorio- sino que, aún por debajo de la clase trabajadora, se percataron que existe otra clase, tan vividora y chupasangre como ellos mismos, como lo es el subproletariado, cuya existencia no sólo es conveniente para los fines de su populista hegemonía política, sino que también resulta deseable convertir al proletariado en holgazanes del subproletariado, situación favorable en un entorno de socialismo autoritario petrolero, condición nunca antes vista en ninguna de las versiones del socialismo o comunismo autoritario.
Este notabilísimo grupúsculo de doctos, que determinaron las leyes que rigen el universo y la sociedad, encontró en Marx, su patriarca, y en Engels, su discípulo; para que su sagrada familia prevaleciera -los hijos de sus hijos, generación tras generación- dejaron plasmado sus mandamientos, entre los que mencionaba la necesidad de un partido que organizara a sus miembros revolucionarios en la lucha de clases. Sus sacerdotes descendientes, entre ellos: Kautsky y Lenin, para no extenderme con la lista, pugnaron por hacer la interpretación más aproximada al legado del sumo pontífice, pero hoy día, próximos a arribar al siglo II después de Marx, en cuanto a partido se refiere, la teoría de Lenin la reconocen como el valor agregado del marxismo.
He aquí donde los modestos superdotados científicos, humildes conocedores de su infinita sabiduría y excesivo talento, demostraron -con su análisis autoritario de cándida solidaridad por la ajena injusticia sufrida por los ignorantes, incapaces y pusilánimes trabajadores- que ellos debían organizar y dirigir la lucha política de la clase obrera. Esta burla se remonta a los jacobinos y Robespierre, quienes durante la revolución francesa, fueron considerados el ala revolucionaria de la burguesía, en una revolución liberal, emprendida por burgueses y sostenidas por obreros, cosa más extraña, de curioso patrón muy peculiar en lo venidero.
A esta revolución burguesa también debemos la herencia, resabiada en primera instancia, y obsoleta luego, de una idea que aún desgastada, fastidiosa, ladilla y burlesca, se mantiene vigente hoy día; una idea unidimensional y petrificada, manifiesta en las expresiones de “derecha” e “izquierda” de la Francia revolucionaria del siglo XVIII. Estas expresiones –al menos en la práctica, pues aún en la teoría existen compañeros anarquistas y comunistas que dicen ser la izquierda de la izquierda que está más a la izquierda de la izquierda, en un esfuerzo quizá de frustración, indignación e impotencia, por diferenciarse a las experiencias autoritarias de “izquierda”- no son más que relaciones en torno al poder: en el centro, el rey, monarca, jefe de estado o presidente; a la derecha, los súbditos burgueses de la monarquía, siempre que la propiedad privada y sus intereses particulares se conserven; a la izquierda, los radicales burgueses que se oponen a la monarquía por razones históricamente populistas, burocráticas e intereses particulares ocultos; pretendían “limitar” la propiedad privada, lo cual deja abierta la posibilidad de la conveniencia, cuando esta es admisible y cuando no lo es, que al hacerse del poder sabemos hacia donde se inclina la balanza. Efectivamente, a la izquierda y abajo: a la izquierda el poder, y abajo su instrumento; de allí el porque suelo decir que prefiero un liberal sensato que un socialista engañoso, y aunque algunos lo cuestionen, se que sabrán a lo que me refiero.
Luego de los jacobinos del siglo XVIII, la candidez solidaria de los superdotados y radicales burgueses agraviados por la injusticia ajena, se hizo presente una vez más en la historia a través de los bolcheviques del siglo XX, en esta ocasión de la mano de las ideas marxistas y dos de sus discípulos: Lenin y Stalin. Pero no hay duda, que lo que tuvieron de ideológico los jacobinos franceses y los bolcheviques rusos, lo tienen de petrolero los socialistas burgueses venezolanos del siglo XXI; ideológico o petrolero, persiguen el mismo fin reiterado históricamente: el poder en manos de una minoría dirigente, burócrata y burguesa.
He aquí el jacobinismo bolchevique petrolero, un espécimen clasista del socialismo autoritario, con rasgos comunes a su especie génesis, los jacobinos y bolcheviques, por supuesto, con algunos rasgos evolutivos propios de la socialdemocracia, surgidos de una necesidad de enmascaramiento para perpetuar y conservar el poder, compatible a la discreción de los medios empleados y las estratagemas ocultas en los derechos humanos.
En ocasiones ya he dicho, dadas las experiencias históricas, que posiblemente una revolución no sea la solución a los problemas de la desigualdad, la tiranía y la injusticia, puesto que en si misma, ella –la revolución- los engendra, y por lo tanto tendríamos que concebir nuevas formas, medios y métodos en coherencia con los fines anarquistas y comunistas libertarios. Por otro lado, podríamos ratificar la revolución como alternativa a la transformación social que deseamos, considerando que toda revolución habida hasta el momento, ha sido guiada por una minoría burguesa, socialista o no, que ya ha sido descrita lo suficiente y que se ha hecho del poder a expensas del obrero; pero ratificar la revolución como medio implica aprender de los errores históricos que ha cometido la clase obrera, entre ellos, seguir creyendo el cuento de burgueses socialistas “doctos” que los adormece y los ahoga en un profundo letargo de pasividad y complicidad.
En un mundo en el que prevalece la burguesía, los socialistas burgueses, capitalistas de estado que negocian con transnacionales, burócratas nosferatus de las necesidades humanas, son reformistas que viven y conservan las costumbres y condiciones elitescas que tanto aborrecimiento dicen tenerle; preservan el rey populista petrolero, mientras sus intereses y privilegios también se conserven, perpetuando de esta manera una nueva dominación “revolucionaria”. Han deformado la acción sindical, en la que el patrón estado afirma representar al obrero, prohíbe sindicatos, anula la legítima protesta, la ha falseado y sustituido por manifestaciones pro defensa del gobierno. Mundo deforme este, en el que se protesta para defender gobiernos.
Para darle sostenibilidad al proyecto de dominación “revolucionaria”, históricamente han trazado líneas de acción orientadas a la santificación, burocratización y centralización del estado, con una economía igualmente centralizada, que mantiene el modelo básico de la sociedad capitalista e industrial, basada en la relación de dependencia al trabajo y al capital: producción en masa, calidad, estandarización, comercialización, compra y venta, oferta y demanda, estudio de mercado, segmentación de mercado, diversificación de productos, explotación y consumismo, precios más baratos. Este socialismo conservador del siglo XXI, cuenta con recursos con los que nunca antes había contado ninguna otra expresión de socialismo burgués, y ha podido dar soporte a esta sociedad de capitalismo de estado, gracias mayormente a los ingresos de la explotación de petróleo, hierro, bauxita, oro, entre otros recursos minerales, y a la aplicación de instrumentos específicos, propios de reformistas sociales burgueses: impuestos, sistemas de seguridad social, subvención de medicinas, salud y asistencia social, pensiones a trabajadores, entre otros.
Este jacobinismo bolchevique del siglo XXI, desea que la historia se quede estancada en el capitalismo; intenta mostrar que el socialismo burgués es tan bueno para ellos como para los obreros que explotan política y económicamente. Se han tomado muy en serio la idea de que “es necesario que para llegar al comunismo el capitalismo se desarrolle en su máxima expresión”, y se han convertido en genuinos procapitalistas que han reducido la lucha contra la alienación, a una falsa y mera lucha contra la “explotación del hombre por el hombre”, omitiendo por completo la componente de lucha contra la explotación de la naturaleza por el hombre. No podemos esperar que estos capitalistas y farsantes socialistas, nos dejen un mundo devastado para comenzar a actuar en pro de la anarquía comunista o el comunismo anarquista.
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