Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.

viernes, 27 de junio de 2014

Educación de autómatas para autómatas (Parte I)

Si hay algo que tienen en común los diversos enfoques educativos y pedagógicos en cuanto a la educación como una necesidad social del hombre, es la importancia que le conceden a los roles y contextos familiar, escolar y comunitario, puesto que constituyen el marco referencial indispensable para la integración de un individuo a la sociedad.
Tal vez la trascendencia que se les ha conferido a la familia, la escuela y la comunidad, se deba a que precisamente las principales causas de la problemática de la educación surgen por la displicencia existente en estos contextos, que además conlleva a la desintegración de lo que debería ser un esfuerzo y un compromiso en unión solidaria.
Pero esta unión solidaria está deformada por el panoptismo, el control, la dominación y la disciplina, rasgos que tienen en común tanto la familia, la escuela y la comunidad. De tal manera que la escuela no es más que la continuación del panoptismo familiar, en la que los padres ven en la escuela la oportunidad de deshacerse de sus hijos y ocultan esta intención en la “sagrada educación”.
Puesto que el desarrollo intelectual, las relaciones sociales y el nivel educativo, son factores que influyen en el desarrollo de la moral, resulta imposible hablar de educación y no vincularla con el desarrollo moral. En tal sentido, el Psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg, en sus estudios acerca del desarrollo moral, determinó seis etapas que corresponden a tres niveles distintos de moralidad, en las que normalmente los niños se encuentran en el primer nivel, preconvencionalismo y heteronomía moral, basada en el absolutismo y orientación a la obediencia; mientras que sólo el 25 % de los adultos alcanzan la quinta etapa, basada en la orientación legalista, que corresponde al tercer nivel (postconvencional); sólo el 5% llega a la sexta etapa de autonomía moral y orientación al principio ético.
No es casual que la mayoría de adolescentes y adultos se encuentren en el segundo nivel correspondiente al nivel de moralidad convencional y conformista. Las necesidades educativas durante el ciclo vital humano, transcurre hasta la etapa de la adolescencia, en la formación, que no es otra cosa que el proceso de construcción de cada tuerca, mecanismo, resorte, arandela y tornillo, ajustado a un molde que se lleva a cabo dentro de los muros de las fabricas escolares y cuyo producto final es un autómata.
Llegado este momento, el ciclo vital del autómata ya se encuentra en su etapa de adultez temprana,  se supone ya preparado para asumir el desafío laboral, la consecución del éxito, la demostración de su talento, habilidades y destrezas, que ante un régimen de competencia, sumada a una conveniente adaptación,  los resultados en términos de salarios, beneficios y ascensos, serán mayores, mejores e inmediatos. En esta implacable lucha por la consecución del éxito, impulsada por el miedo, el rechazo, la exclusión y el descarte por defecto, al no cumplir con las especificaciones de conducta demandadas, se desarrolla la conveniencia particular e inmediata como único precepto moral.
            Vivimos en la sociedad del control, la disciplina y del autoritarismo, con una educación que es fiel reflejo de dicha sociedad; ajustada a las necesidades de control de la clase dominante a través de la autoridad; centrada en el desarrollo mercantilista de habilidades y competencias de un futuro complaciente y conformista trabajador en busca de mejoras de trabajo, mejoras de salario, las cuales vincula con la idea de éxito; un éxito que será mayor en la misma medida que demuestre mayor adaptación a las condiciones que se le impone, bien sea explotación del hombre por el hombre o explotación de la naturaleza por el hombre, será mejor recompensado y retribuido con mejores posiciones dentro de la escala de jerarquización del control y la disciplina.
            En cuanto a los docentes, ya he comentado en otra ocasión que pareciera difícil distinguir que su realidad social se encuentra sumida en una confrontación que deviene de las relaciones de autoridad y que podrían categorizarse por áreas de conocimiento, perfiles universitarios, titulación versus contrato, condiciones económicas y finalmente la militarización y jerarquización de los docentes a través de ascensos. A esta situación se suman, el desinterés del profesor por dominar el área de conocimiento que enseña, para ponerlo en práctica por medio de la didáctica.

Pues bien, en cuanto a la familia, los padres andan huidos del hogar, para unos, por necesidad ante la realidad de un salario mínimo que resulta insuficiente debido a la inflación y otros factores económicos que esto acarrea; para otros, por la codicia, el afán por el enriquecimiento; o la simple ligereza e irresponsabilidad de deshacerse de los hijos, viendo sus propios muros de trabajo como entretenimiento y distracción, y los muros escolares de sus hijos como una guardería o depósitos temporales de niños, esperando que los docentes hagan lo que los padres son incapaces de hacer.

Comentarios al foro: "Problemática contemporánea de la Universidad venezolana" (Parte I)

            Si abstraemos, el tema tratado en este Panel-Foro, titulado como “Problemática contemporánea de la Universidad venezolana”, de su contextualización tiempo-espacio, es decir, de la contemporaneidad venezolana, obviamente, dando por sentado la vinculación de la universidad con el conocimiento y la educación, no hay duda que realizar un análisis de una problemática de este tipo, independientemente del punto geográfico que los internacionalistas definen como estados-naciones, y cualquiera que sea el momento histórico, requiere necesariamente, entre otras cosas, que tomemos en consideración la relación entre política y educación.
            Digo entre otras cosas, puesto que convendría, necesariamente como dije, considerar otros aspectos no menos importantes, que ameritan una revisión de la historia e historiografía no sólo de la universidad, sino también de la ciencia, el conocimiento, la educación, la pedagogía, la didáctica, la enseñanza y la tecnología, considerando sus orígenes, etimologías, y todo aquello que en esencia las definen.
No es que se hayan desestimado estos descriptores o factores que son ineludibles a la hora de conceptualizar una problemática de naturaleza educativa; simplemente, que si deseamos desarrollar el pensamiento acrítico y la tan anhelada actitud cuestionadora, habrá que realizar un estudio pormenorizado y detallado, de todos los aspectos antes mencionados, para rechazar y desechar todo aquello que sea contrario a la libertad, la autonomía  y al desarrollo del pensamiento acrítico del que hablamos, superando como ya se ha dicho, el desinterés, la indiferencia, el desgano, la apatía, la autoexclusión, la privación, la inhibición, el hastío y la rendición, esto es, la nada creadora, el trastocamiento de los valores en términos de Nietzsche, o como diría Bakunin: “La pasión por la destrucción es también la pasión creativa”.
            Así es, la continua creación es expresión de libertad, y es enemiga de quienes prefieren cobijarse en la sombra de la seguridad, lo petrificado, lo estatuido, lo institucionalizado, la quietud, la pasividad, lo inerte, lo inactivo, lo desidioso, lo indolente, que no son más que la penumbra y la tiniebla que sostienen al opresor.  En este sentido, me refiero muy particularmente a la máxima expresión de tiranía moderna, el Estado, ese “nuevo ídolo” del que relata Nietzsche en uno de sus pasajes en “Así hablaba Zaratustra”, esa “máquina formidable” que nos describe Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas”, o como lo expresa Bakunin: “Donde comienza el Estado termina la libertad del individuo, y viceversa”.
            Ahora bien, desde el punto de vista de las universidades, cómo es posible hablar de la autonomía de una Universidad que depende absolutamente de la potestad, tutela, auxilio, sostén y protección del Estado, en la que el mismo individuo, sea discente o docente, carece de autonomía, está supeditado y absorbido por el brazo adoctrinador de las iluminadas autoridades académicas, sean estas, “amigas” o “enemigas” del Estado, o en todo caso, de la minoría que se ha hecho o desea hacerse de la portentosa maquinaria estatal.
            Aunado a esto, me preocupa que cuando hablamos de esta "autonomía universitaria", la vinculamos con la idea unidimensional y desgastada de izquierda y derecha política, esa misma a la que el Prof. Agustín Martínez hace referencia como dicotomía ideológica, que no son más que meras posturas en pugna por el poder, que con más de doscientos años de experiencias históricas que así lo evidencian, desde tiempos de la revolución francesa, período en el que surgió esta idea unidimensional del pensamiento político, hasta nuestros días, ya han debido ser superadas. Por si fuera poco, los constitucionalistas leguleyos, fútiles creadores de leyes, favorecen el principio de divinidad del Estado, como ente y fuente que concede y quita patentes de libertad y autonomía, según sea conveniente.
            Reitero que es necesaria una revisión de la historia e historiografía, no sólo de la universidad, sino también de la ciencia, el conocimiento, la educación, la pedagogía, la didáctica, la enseñanza y la tecnología, considerando sus orígenes, etimologías, y todo aquello que en esencia las definen, tomando en cuenta que hasta los autoritarios también hablan de libertad: “Todo ser humano es libre si su libertad no atenta a la de los demás", Napoleón Bonaparte. Crear y recrear; destruir si es necesario, para propiciar las condiciones de creación, a través de la apostasía, el aprender a desaprender y la transmutación de los valores, teniendo siempre presente que: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”, Nietzsche.
            En la portada del texto “Política y Educación. O de la Política en la Educación”, aparece la secuencia cronológica de un niño que  a los seis años recibe la instrucción de “¡Hazlo así!”, a los ocho años se le dice “¡Se hace así!”, a los diez “¡Siempre debes hacerlo así!”, y a los once “¡Elige tú!”. Ante esta posibilidad de elegir, el niño en la siguiente secuencia se muestra confundido y desconcertado.
Asumiendo, que esta posibilidad de elegir en el niño tenga que ver con el desarrollo de su pensamiento acrítico, su libertad y su autonomía, podría incluirse en esta sucesión gráfica las instrucciones detalladas de las condiciones que tiene que obedecer y reverenciar, según convenga, puesto que serás libre de acatar las restricciones, que terminan limitando el alcance del pensamiento ante las imposiciones de una autoridad académica, quien a fin de cuentas determina y decide que es posible y lo que no. ¿Hasta que punto estamos dispuestos a contribuir con el desarrollo del libre pensamiento?


domingo, 8 de junio de 2014

Marx y su propiedad


      Mucho se ha conjeturado acerca de la posible influencia de “Él Único” de Max Stirner en el “Superhombre” de Friedrich Nietzsche, debido a las coincidentes aproximaciones de sus pensamientos. Pero, en el caso de que este atisbo fuera cierto o no, ¿Cuáles son las razones por las que  Nietzsche trasciende en la historia de la filosofía y Stirner es relegado? Noam Chomsky -quien a pesar de definirse como anarquista, ha manifestado su contradictoria complacencia hacia un Estado que explota petróleo y que además lo hace por medio de transnacionales, una complacencia que quizá sea el resultado de los enormes dividendos que dicho Estado le ha dado en publicidad de sus textos- plantea lo siguiente: “¿Quiénes son los guardianes de la historia? Los historiadores, naturalmente. Las clases educadas, en general. Parte de su trabajo es la de conformar nuestra visión del pasado de manera que sostenga los intereses del poder presente. Si no lo hacen así, serán probablemente marginados de una manera o de otra”. ¿Acaso no habrá sido esto lo que le ocurrió a Stirner debido al momento histórico que le tocó vivir? ¿Acaso el mismo Chomsky como “clase educada”, en la deformación de las convicciones de un anarquista, como según se ha definido a sí mismo, no ha contribuido a la conformación de la visión de una historia inmediata que sostiene los intereses del poder presente, cualquiera que sea el Estado, por mucho que se muestre débil y aparente ser virtuoso?
        Efectivamente, a pesar de esta vinculación entre Nietzsche y Stirner, es posible evidenciar que Nietzsche es quien ha trascendido la historia de la filosofía y se le ha concedido un lugar relevante en el desarrollo histórico del pensamiento filosófico. En este sentido, Paul Ricoeur, filósofo y antropólogo francés, contado entre los numerosos filósofos que han  desarrollado trabajos acerca de los aportes de Nietzsche a la filosofía, lo menciona en su texto “Freud: una interpretación de la cultura” al decir que la escuela de la sospecha la dominan tres maestros: Marx, Nietzsche y Freud. De esta manera, vemos la noción de “falsa conciencia” de Marx en “La ideología alemana” en donde expone que la conciencia se falsea por intereses económicos, la “mala conciencia” de Nietzsche en la “Genealogía de la moral” planteando que la conciencia se falsea a través del resentimiento del débil y la “inconciencia” de Freud en “El yo y el ello” en donde formula que la conciencia es falseada a través de la represión del inconciente; es decir, desde diferentes presupuestos, delatan las ilusiones, lo aparente y la falsa percepción de la realidad.
            He aquí que nos hemos encontrado con Marx, que al igual que Nietzsche, en comparación con Stirner, también se le ha concedido un sitial de honor dentro de la filosofía, como ya hemos visto en Ricouer a través de su denominación “maestro de la sospecha”. Pero dejando a un lado la exaltación filosófica de filósofos por filósofos, hay un elemento fundamental, que Ricouer consideró para acuñar tal denominación, y este elemento, que ya mencioné con anterioridad, es el de la conciencia; precisamente es la conciencia, el punto de partida y eje central que desarrolla Marx en su texto “La ideología alemana”, puesto que su crítica surge de la noción de ideología como falsa conciencia. Pero qué es “La ideología alemana”, si no la crítica de la filosofía alemana en y posterior a Hegel, procedente de aquel grupo de “Los libres”, específicamente a tres de sus representantes: Feuerbach, Bauer y Stirner, llamados también jóvenes hegelianos o “hegelianos de izquierda”; esta última denominación, acuñada por David Strauss, estableciendo una analogía con la idea de izquierda surgida a raíz de la Revolución Francesa.
            De tal manera que existen dos aspectos relevantes presentes en el texto de Marx y Engels, titulado: “La ideología alemana”, que son desconocidos y omitidos, intencional o ingenuamente, pasados desapercibidos tanto por estudiosos y no estudiosos, diluyendo su contenido en una comprensión básica y limitada. Estos dos aspectos son, en primer lugar, la perspectiva epistemológica presente en el texto, relacionada con la conciencia, y ésta a su vez, vinculada con la ideología; en segundo lugar, el hecho curioso de que más de la mitad del texto se ocupa de dirigir con desprecio y poca creatividad intelectual, una crítica a las ideas de Max Stirner, plasmadas en el texto: “El único y su propiedad”, razón por la cual escribo “Marx y su propiedad”.
            En cuanto al primer aspecto se refiere, la ideología, la lógica y la teoría, desde el punto de vista conceptual, metodológico y epistemológico, son formas de operacionalizar el razonamiento y pensamiento humano, necesarias para describir, comprender y transformar la realidad del mundo que nos rodea. Ya he mencionado que según Marx y Engels, la ideología es una falsa conciencia. En este sentido, la controversia se centra en determinar si la falsa conciencia está contenida de manera parcial dentro de la noción y concepción de la ideología o está contenida en toda su amplitud.
Por un lado, si la falsa conciencia está contenida de manera parcial dentro de la noción y concepción de ideología, entonces deja entrever la posibilidad de una verdadera conciencia, y su categorización, vendría determinada por posición de intereses de grupos de clases sociales, en cuyo caso, la forma concreta y específica de la falsa conciencia estaría asociada con la ideología burguesa, mientras que la forma concreta y específica de la verdadera conciencia estaría asociada con la ideología proletaria, que no puede ser falsa, puesto que de ser así no sería posible llevar a la práctica la revolución del proletariado. No obstante, si la función práctica es la condición necesaria y suficiente para determinar la verdadera conciencia, entonces la reinante praxis burguesa  también sería una conciencia verdadera, o bien, en general, la verdadera conciencia vendrá determinada por la clase dominante. Es decir, si se generaliza a toda ideología como falsa conciencia, la revolución del proletariado no será posible, pero si se particulariza la ideología proletaria como verdadera conciencia, en tanto que su práctica es posible, entonces también habría que particularizar a la ideología burguesa como verdadera conciencia, concluyendo que en general la verdadera conciencia es determinada por la clase dominante.
Por otro lado, si la falsa conciencia está contenida en toda su amplitud dentro de la noción y concepción de ideología, tomando en cuenta que cualquier conjunto de ideas, creencias o conocimientos, sean falsos o verdaderos, pueden ser considerados como ideología, y que dicha ideología, como ya he dicho, viene dada por posición de diversos intereses de diversos grupos sociales, según la teoría de Marx y Engels, entonces la perspectiva de cada grupo social es limitada y queda reducida a una búsqueda parcial y representación deformada de la de la realidad, razón por la cual resulta en una falsa conciencia o ideología.
Se puede evidenciar, que a la filosofía de Marx le ocurre epistemológicamente lo mismo que a su praxis política del socialismo científico; el eterno retorno de una clase aparentemente oprimida, que emerge como una nueva clase dominante, la nueva casta elitesca, que asegura estar dotada de intelecto y conciencia, los iluminados, sacerdotes, pastores y científicos del socialismo. Al respecto, Bakunin acotó la influencia del poder para quien lo ejerce y para quien se somete: “Ejercer el poder corrompe, someterse al poder degrada”; Proudhon constató la causa del devenir de una nueva clase dominante: “El mayor obstáculo que la igualdad ha de vencer, no es el aristocrático orgullo de ricos, sino el egoísmo indisciplinado de los pobres”. Este egoísmo indisciplinado de los pobres del que Proudhon habla, puede explicarse a través del resentimiento que caracteriza a la moral de esclavos de Nietzsche, en la que el esclavo revaloriza lo que el amo valora, es decir, el proletario revaloriza el capital como factor de producción, revaloriza la alienación como factor de la explotación económica del capital y la dominación política del estado. Desde Marx no hay nada que hacer y el mismo Marx se cercioró de inocular ineficacia a otras propuestas filosóficas como la de Max Stirner y su texto “El Único y su propiedad”
         Conjeturo que “conciencia falsa” es una simple correspondencia de términos con “ideología alemana”, la ideología es conciencia, y se establece una relación crítica entre lo falso y la filosofía alemana, específicamente el idealismo hegeliano y el materialismo de los “hegelianos de izquierda”. Comprender la filosofía de Marx, pasa por realizar un análisis epistemológico, y por consiguiente, comprender las posturas filosóficas de Hegel, Feuerbach, Bauer y Stirner, que nada tiene que ver con las ideas y prácticas vagas que superficialmente se han popularizado, sino con la apropiación original de lo esencial, tal como lo expresa Heidegger. Incluso, comprender las ideas de Marx, pasa por comprender la teoría de valor de Malthus, la plusvalía de Proudhon, los modos de producción de Smith, la lucha de clases de Guizot, la dialéctica de Hegel y el materialismo de Feuerbach, para que de esta manera podamos esclarecer la propiedad de Marx, ante la sistematización poco original y creativa de un  compendio de  ideas que no le pertenecen.
            El segundo aspecto, como dije, se refiere a la crítica dirigida a Max Stirner, que además le tomó más de la mitad del texto de “La ideología alemana”. El libro “El Único y su propiedad” de Stirner, es una crítica metafísica con las negaciones de dios y estado; considerada como martillazos de filosofía, se propone derribar todos los conceptos que se han instituido como dominación y control de nuestras vidas, y por ello supone un gran peligro para el poder y su funcionariado, puesto que la semilla rebelde e iconoclasta siempre encuentra tierra fértil en la que germina, crece y fructifica.
  

jueves, 5 de junio de 2014

Disciplina de la indisciplina o indisciplina disciplinada

             María Susana Paponi, considera a través de la “Indisciplina, saludable juicio” tomado de su texto “Pensar el Presente. Travesía y ensayo sobre Filosofía y Cultura”, que la protesta y el cuestionamiento del niño y del adolescente en rechazo de lo establecido, son manifestaciones saludables de indisciplina, puesto que permiten construir el camino “para aprender a escucharse a través de los otros”.
Ciertamente, si la disciplina es la fuerza de obligación orientada a subyugar a los seres colectivos a un orden externo que los constituye, no podríamos hacer otra cosa que oponernos a tal orden externo, lo cual sería lo contrario a aquella, es decir, indisciplina, y aplica no sólo al contexto del niño y el adolescente en su confrontación al disciplinado, autoritario y tradicional sistema educativo, sino también al adulto, que de la misma manera presupondría su propia causa de indisciplina pero en otro entorno.
Los adultos, sea como padres, o bien, como docentes, coinciden indirectamente en el contexto del niño y el adolescente dentro del sistema educativo, pero sus motivos y fines de indisciplina, si es que los tienen, no corresponden con el de sus hijos, en el caso de los padres, o con el de sus estudiantes, en el caso de los docentes. De esta manera, sin adultos indisciplinados, sin adultos dotados de una rebeldía intelectual, el desarrollo de la indisciplina de los niños queda reducida a un estar en contra de algo sin saber de qué, condenada a la domesticación, al reflejo disciplinado y autoritario de la adultez, y que pasa además por el “diagnóstico precoz” que hago acerca de la pérdida de valoración al conocimiento, que además vinculo con la crisis de la ciencia que describe Heidegger.
Efectivamente, en el peor de los casos, ausencia de indisciplina, y en el mejor de los casos, divergencia de las causas y fines de la indisciplina, ante una sociedad repleta de leyes, reglas y normas, que no inventamos y no estamos dispuestos a su aceptación, adaptación, resignación y conformismo hacia lo instituido. Asumiendo que la indisciplina pueda encontrarse en niños, adolescentes y adultos, la divergencia de las causas y fines de indisciplina se hallan en los diferentes sectores de la sociedad, principalmente condicionados y girando en torno a relaciones de autoridad, como es el caso de las relaciones entre trabajadores-empleadores; las diferencias entre trabajadores, lo mismo que entre niños y adolescentes, ocurren debido a la domesticación, dominación y control alienante que ejerce la inserción de la idea del éxito, la cual está vinculada directamente con la autoridad, como fuente dadora de privilegios, beneficios y recompensas, que serán recibidos proporcionalmente según el grado de adaptación demostrado y serán incrementados a través del ascenso progresivo en la jerarquización del control. Por tal motivo, resultaría obvio, que la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la igualdad y la libertad, no es una mera cuestión simplista que se exprese a través de un discurso teórico dentro de los muros y las jaulas escolares, sino una vivencia y una experiencia cotidiana del día a día.
Ante la ausencia de disciplina en el adulto y las discrepancias de causas y fines de la indisciplina del adulto, en caso de que existiere, María Susana Paponi, sugiere ubicar la actitud del docente en otro lugar, dirigiendo la mirada y la atención hacia el niño y el adolescente, lo cual levanta mis sospechas de una intencionalidad domesticadora. Aunado a esto, si se habla de una “democratización” real de la vida social, y vaya que esto si que es “una definición preestablecida y de tan repetidas gastadas, curiosamente convertida en principios”, también es difícil distinguir que la realidad social del docente se encuentra sumida en una confrontación que deviene de las relaciones de autoridad y que podrían categorizarse por áreas de conocimiento, perfiles universitarios, titulación versus contrato, condiciones económicas y finalmente la militarización y jerarquización de los docentes a través de ascensos.
La indisciplina para que sea realmente indisciplina, y ratifico diciendo, para que sea realmente adversa a la disciplina, ha de surgir de manera natural, espontánea y voluntaria, sin agentes externos que la provoquen, de lo contrario, la indisciplina se constituiría de rasgos disciplinados, es decir, disciplinar la indisciplina, o dicho de otra manera, domesticar la indisciplina “para aprender a escucharse a través de los otros”, lo cual resuena como a los falaces, clásicos e interesados diálogos de negociación procedentes del Estado, como orden establecido, para suprimir la disidencia. Es una aberración pretender que es posible justificar la indisciplina desde el orden establecido, lo mismo que ocurre al pretender que es posible justificar movimientos sociales dirigidos por gobiernos; he aquí que la indisciplina es autónoma.
La autora realiza un recorrido comparativo entre los estudios primarios y secundarios de su madre, su propia formación primaria y secundaria, y la escuela de sus hijos; el aspecto evidente y en común que resultó de esta comparación, fue la personita a formar que aparece siempre “cuestionada y no respetada pues el análisis es lo que la escuela no soporta”.
Si la tradición es un conjunto de costumbres repetidas desde tiempo pasado, entonces la tradición tiene una vinculación con la historia. Esta significación de repetición histórica de la tradición, posee un rasgo conservador que pretende preservar algo de manera fiel y acrítica. Sin embargo, el conservadurismo de la tradición, para permanecer en el tiempo, requiere de cambios aparentes de renovación y reinvención, que se adecúen convenientemente a nuevas circunstancias, incluso, modificando el pasado si fuera necesario, tal como dijera Jean Paul Sartre.
            En este sentido, cuando me refiero a la educación tradicional, disciplinada y autoritaria, me refiero a aquella educación que se viene aplicando a través de la noción formativa del conductismo, desde la antigüedad griega hasta la actualidad, y cuyas principales características han sido: la memorización de conceptos; la acumulación de conocimientos por repetición acrítica de contenidos; los muros escolares para la estancia de niños, adolescentes y jóvenes; el profesor como base del conocimiento, organiza, elabora, ordena, programa y traza el camino a seguir de aquello que “debe” ser aprendido, imitado y obedecido; la disciplina y el castigo como elementos fundamentales y suficientes para desarrollar las virtudes humanas de los estudiantes; el método de enseñanza igual en todo momento para todos los estudiantes; la evaluación como arrogante pretensión de que el conocimiento es medible por personas que están dotadas de elevados coeficiente intelectual y grado de inteligencia.
Esto es precisamente lo que ocurre con lo observado por María Susana Paponi, al comparar tres momentos diferentes de la educación y del sistema educativo. Convenientemente, según las circunstancias propias de cada momento, han sido diversos los cambios aparentes que se han introducido en la educación tradicional y disciplinaria, para mantener renovada su imagen, aduciendo de manera falaz que ha sido superada, como es el caso del auge de modelos educativos basados en el vigente enfoque de competencias. Un enfoque de competencias, que perpetúa la educación tradicional, que en sí misma es autoritaria puesto que se limita a desarrollar las habilidades y capacidades del individuo en función del éxito, que no es más que un elegante aliciente que deviene en el arquetipo de una armoniosa adaptación del estudiante y el docente a las condiciones dominantes del entorno social, que sólo es posible en un conveniente nivel de desarrollo de moral heterónoma convencional, basada en la obediencia, la recompensa, el castigo y la aceptación, que sujeta y condiciona a los estudiantes y docentes, a un poder externo a ellos, a través de leyes y principios imperantes en ese entorno social e impiden el desarrollo de sus voluntades. Esto es, la disciplina de la indisciplina o indisciplina disciplinada.

sábado, 26 de abril de 2014

La ilusoria autonomía universitaria

Me preocupa que cuando hablamos de "autonomía universitaria" la vinculamos con esta idea unidimensional y desgastada de izquierda y derecha política, que no son más que meras posturas en pugna por el poder, que con más de doscientos años de experiencias históricas que así lo evidencian, desde tiempos de la revolución francesa, período en el que surgió esta idea de izquierda y derecha, hasta nuestros días, ya han debido ser superadas.
Si la autonomía universitaria está condicionada a quien detenta el poder (sea izquierda o derecha) o a los aspirantes al poder (sea izquierda o derecha), entonces simplemente olvidémonos de la ilusión de la autonomía universitaria. Tendríamos que comenzar por conceptualizarla, a fin de determinar si realmente la autonomía universitaria es posible o tan sólo es el brazo adoctrinador estatal al servicio de la clase dominante del gobierno de turno, y de ser así, no hay nada que hacer, pues la Universidad en sí misma, como institución al servicio del estado, sería antagónica a la autonomía.
De tal manera que la autonomía universitaria sería otra ilusión más del poder que ejerce el estado a través de la manipulación y el engaño.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Breve relato de la vida de un anarquista (parte III)

En los 11 años siguientes a mis 23 años, sin ningún tipo de inducción o estímulo externo ajeno a mi voluntad y movido por mi espontánea inquietud a través de las lecturas de Ortega y Gasset, Schopenhauer, Sartre, Cioran, Camus y Nietzsche, inevitablemente me acerqué a las ideas del nihilismo, existencialismo, vitalismo y el cinismo, que combinadas todas en elementos comunes y no comunes, emprendí un intento por describir, interpretar, definir y dar forma en pensamiento a todo aquello que por sentimientos y sensaciones ya había experimentado en un mundo con el que continuamente me mantenía en choque por el mero hecho de pensar y actuar diferente, y cuyo funcionamiento basado principalmente en el condicionamiento operante: recompensa y sanción, premio y castigo, vigilancia, deber y poder, pretendía sumirme hacia la senda del molde de un rebaño con conducta deseadas por otros, normalmente investidos de autoridad, y esto no es más que la negación de mi propio ser, mi propia existencia, mi propia vida, mi propia identidad y mi propio yo.
Me decepcioné del mundo y ya no volvería a ser el mismo; el entusiasmo con el que intentaba afrontar ese mundo se extinguía, me resultaba cada vez más difícil sobrellevar los ámbitos de trabajo en los que me desenvolvía, al ser incapaz de asumir un molde de conducta que estaba muy distante de ser yo, y peor aún, que implicaba la renuncia de mi yo. Cual superhombre que ha superado la cuerda tendida sobre el abismo, que no desea ser ni amo ni esclavo, di muerte a Dios, lo sepulté y destruí su trono, pero todavía tendría que esperar tres años más para destruir al nuevo ídolo estatal y sus instituciones.
Para entonces comprendí que había iniciado un proceso personal sistemático de negación de todo dogma, que daría paso a una apertura de opciones infinitas no determinadas y al desarrollo de un espíritu libre y creador, luchando continuamente por no ser absorbido por el rebaño en un mundo sin libertad, conservando siempre el privilegio de ser uno mismo, al ser enemigo acérrimo de todo aquello que degrada y todo aquello que es elevado en adoración, que en sí mismo es un acto de rebelión que es repudiado y odiado por la masa amorfa aglutinada.
Todo aquello que coaccionaba el desarrollo de mi propio yo y mi voluntad, se convertía en una cadena que aprisionaba mi existencia, generándome angustia, malestar y aflicción. Esta angustia que me aquejaba, me conduciría poco a poco al camino de la libertad, el cual le daría forma propia a mi carácter y a mi destino. Siempre frontal al difundir mis ideas y compartir mis experiencias, mis lecturas siempre eran consideradas inútiles y motivo de burla en este mundo arbitrario, simple y unidimensional.
Considerando mis reiterados intentos fallidos para continuar mis estudios de educación superior, desde el punto de vista de la obtención de un título universitario la ciencia también fue para mí un asunto pendiente al igual que la política y la economía, y advertí que las tres tenían mucho en común con la moral, la ética y la religión, puesto que todas se basan en leyes creadas por eruditos que para su cabal cumplimiento luego son custodiadas por pastores y sumos sacerdotes.
Fue a mis treinta y cinco años de edad, cuando a mis manos llega un libro titulado “Tratado contra el método, esquema anarquista de la teoría del conocimiento” de Paul Feyerabend, y al leer las primeras líneas de la introducción del texto, en las que el autor escribe: “El presente ensayo ha sido escrito con la convicción de que el anarquismo, que tal vez no constituye la filosofía política más atractiva, es sin embargo una medicina excelente para la epistemología y para la filosofía de la ciencia”, quedé atraído completamente por las ideas anarquistas. No es que hasta ese día no haya leído acerca del anarquismo, sino que simplemente había leído a sus detractores; desde entonces investigué a profundidad, leyendo principalmente a Proudhon y “Qué es la propiedad”, a Bakunin y “Dios y el Estado”, a Kropotkin y “La conquista del pan”, a Malatesta y muchos más. A partir de este momento de mi vida, me reconcilié con la ciencia, la política, la economía y la ética, pues hallé que si es posible concebir el mundo de otra forma.  

He aquí que hoy día me encuentro en la UPEL, cursando la carrera de Docente de Geografía e Historia, pues estoy convencido que el único camino y medio, justo y razonable, para lograr la transformación de una sociedad autoritaria y corrompida a una sociedad libertaria, justa, fraternal, solidaria, libre e igualitaria es a través de la educación libertaria, específicamente transformando y reivindicando la forma como son vistas las ciencias sociales. Aunado a esto, me encuentro distribuyendo panfletos sobre anarquismo mientras trabajo como taxista y mientras la dinámica del sistema me lo permite, hago uso de la bicicleta como medio de transporte. Salud y anarquía!!!


martes, 25 de febrero de 2014

Discurso de un anarquista dentro del militarismo (Parte I)

En las primeras semanas del mes de Febrero del año 2012, siendo Mayor de la Aviación Militar Bolivariana, fui designado como comandante de un curso de asimilación militar que se dictaría a un grupo de profesionales de diferentes áreas. Para nadie es un secreto las dificultades por las que atraviesan gran parte de los profesionales en este país para conseguir empleo y que estos procesos de asimilación son vistos como una oportunidad para alcanzar estatus, beneficios, privilegios y aspirar a ser incluidos en un sistema de seguridad y bienestar social. He aquí que estas aspiraciones no sólo contribuyen a la profundización de un militarismo que en sí mismo es contario a las ideas de igualdad y libertad del socialismo, o al menos las del anarquismo, sino que limita y merma la capacidad de desarrollo intelectual y profesional de los egresados de las diferentes Universidades en las diferentes áreas de conocimiento.
            Por supuesto, quienes me nombraron para este cargo sabían perfectamente que no estaban designando a ninguno de sus autoritarios próceres independistas, y mucho menos a un Bolívar, considerando además que desde el año 2009 había decidido difundir frontalmente las ideas anarquistas dentro del medio militarista. Los militaristas Generales, sus militaristas seguidores y los no seguidores aún cuando tengan que cumplir sus órdenes, saben perfectamente cuales son los criterios bajo los cuales hacen las designaciones, desde una simple comisión indeseable que les hace rehuir, hasta una deseable y muy apetecible comisión de estudio internacional.
            Al hacer mención del autoritario de Bolívar no pude evitar recordar su frase que dice: “Llamarse jefe para no serlo es el colmo de la miseria” y es que un autoritario no puede sino pensar de esta forma para justificar su imposición sobre otros. Los militaristas cuando perciben o intuyen que otro militarista no aplica este precepto le denominan a esto “falto de carácter para comandar” y esta es la educación autoritaria que ha prevalecido en nuestra deprimente sociedad. Es necesario transformar la sociedad autoritaria a una sociedad libertaria a través de la educación libertaria y enseñar que “Quienquiera que ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano y le declaro mi enemigo”, Pierre Joseph Proudhon, tan simple como eso, un libertario no desea gobernar ni ser gobernado.
            El mismo día de ingreso, para recibir a los aspirantes a oficiales asimilados, se haría un acto castrense al cual fui designado para la simpática ocasión de dar un discurso; simpática por el hecho de considerarla  una gran oportunidad para la difusión del ideal anarquista. El resultado de ese discurso, luego de tres adaptaciones que me obligaron hacer, es el que a continuación les presento y dejaré para la siguiente parte del artículo los detalles de dichos cambios:


“Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia, socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad” Mijaíl Bakunin, filosofo socialista (anarquista) ruso (1814-1876) frase extraída de su obra “Declaración del socialismo” (“Dios y el Estado”).

En un siglo XIX, en el que el mundo se encontraba influenciado por las ideas liberales de la Revolución Francesa, en la que se reforzaron los valores de la igualdad, libertad y justicia, y comenzaron a construirse los Estados-Naciones y las Repúblicas, sólo un hombre supo diferenciar su sueño e ideal de aquellos proyectos republicanos-liberales; me refiero a Simón Bolívar, El Libertador. Por supuesto, esto no fue casual ni accidental, gracias a los aportes de su mentor, el pedagogo Simón Rodríguez, quien a su vez fue influido por las ideas de Fourier y otros socialistas utópicos. Hoy día y desde el mismo día de su muerte, los esfuerzos de nuestro Libertador por lograr la libertad han resultado insuficiente. Su anhelo de libertad es una obra inconclusa que ha de continuarse y ampliarse, pues la libertad dada no es libertad, y la emancipación requiere de una conciencia de lucha adquirida y una acción de lucha emprendida por cada individuo y cada colectivo; individuo y colectivo deben estar en posibilidad de decidir libremente como va accionar en pos de la revolución anticapitalista que nos hemos propuesto realizar y es liderada por nuestro Comandante Presidente, he aquí su contribución.
Este proyecto de revolución anticapitalista necesariamente tiene que ser libre, igualitario y justo, para ello, han de ser los propios explotados y oprimidos, quienes a partir de sus organizaciones de base, construyan y autogestionen el poder popular, que haga posible la anulación y abolición, completa y absoluta del capital, y por consiguiente, del dominio de una clase social sobre el pueblo trabajador. Para ello es preciso no incurrir en soluciones reformistas o revisionistas que minimicen las penurias que ocasiona el neoliberalismo; preciso es mantener nuestro carácter revolucionario, teniendo siempre presente que no se trata de suavizar con capital los estragos del capital, sino, como ya he dicho, aboliendo el capital. El reto es titánico como titánico es nuestro espíritu de lucha; una lucha cuyo primordial instrumento es la educación, a fin de vencer la ignorancia y el desconocimiento en la que se encuentra sumida la clase trabajadora explotada, normalmente pobre, que sólo cuenta con su fuerza de trabajo y es forzada a venderla al más bajo costo a los burgueses. Efectivamente, la educación, sino el único, es el principal bastión, puesto que por ese mismo desconocimiento, los ricos no sólo han causado la miseria de los pobres, sino que también los mismos pobres, en correspondencia, han creado la riqueza de los ricos, constituyéndose así, como principal obstáculo para lograr la igualdad, no precisamente el orgullo de los aristócratas, sino el egoísmo indisciplinado de los pobres.
De esto se trata, de estar dispuesto a dar todo por Venezuela y ese ha de ser el sello más distintivo de cada uno de ustedes quienes hoy se encuentran cruzando el umbral del primer Instituto de formación castrense de nuestra Aviación Militar Bolivariana, dejando atrás el hogar, los amigos y los recuerdos; mientras se entremezclan alegrías y tristezas, a su vez se proyectan sueños y esperanzas que se cumplirán con el paso del tiempo. Aman a su patria tan profundamente, que se harán oficiales para luchar por las adversidades internas y externas que atraviesa el país. Tengan siempre presente que si se puede cuando se está decidido, cuando comprometes tu voluntad para lograr lo que deseas alcanzar; que si se puede cuando ante cada obstáculo muestras temple y con mayor decisión los empiezas a enfrentar.

Aquí en las aulas de esta casa de estudios, encontrarán un grupo de amigos, un experimentado equipo castrense, líderes sensatos y juiciosos, dispuestos totalmente a generarles propósitos, direccionarlos, motivarlos, y a brindarles el apoyo que requieran en todo momento, con el fin de suministrarles todas las herramientas necesarias para asumir con devoción los deberes y responsabilidades que son impuestas y deducidas a los soldados de la patria.
Encontrarán entonces un entorno matizado por la guía permanente de un inmejorable cuerpo de oficiales; el compromiso irrestricto de docentes e instructores militares y civiles, cuya experiencia está probada, y su entrega total a la causa que defendemos, es el mejor pergamino, aunada a una formación integral que la hora actual demanda del futuro Oficial de la Aviación. Sean ustedes bienvenidos y les deseo todo lo mejor en este camino que comenzarán a transitar a partir del día de hoy, salud, libertad, igualdad, justicia, paz, independencia, estabilidad, progreso y grandeza. Finalmente, elevemos una plegaria a Dios para que les llene de fortaleza y les conduzca a una feliz y exitosa culminación de este proceso de asimilación, así como también, orar por la pronta, completa y plena recuperación de la salud del Comandante Presidente.
Independencia y patria socialista. Muchas gracias.