Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.

miércoles, 21 de enero de 2015

La Geografía Libertaria (Parte II)

Este es el punto de partida para la descripción, caracterización e interpretación de la realidad geográfica actual según el enfoque de la Geografía Libertaria. Puesto que la noción de realidad constituye uno de los problemas fundamentales de la Filosofía en general y muy específicamente de la Filosofía de la Ciencia o Epistemología, que además, en torno a la realidad se plantea el problema acerca de los modos de expresión, he considerado establecer un marco lingüístico que permita dilucidar el problema del lenguaje, en cuanto al uso, pertinencia y correspondencia con la realidad, del término “Geopolítica” expuesto desde los enfoques autoritarios tradicionales y el término “Geoestatismo” propuesto desde el enfoque de la Geografía Libertaria.
He dejado en evidencia una vez más, el incesante énfasis de la siempre necesaria reflexión epistemológica que se promueve a través de la Pedagogía Libertaria, exponiendo, proponiendo y presentando la concepción del espacio según la Geografía Libertaria, el conocimiento de la realidad geográfica, la comprensión de la dinámica espacial, los diversos factores que la condicionan y las posibilidades de transformación de dicha realidad.
Mucho se comenta acerca del carácter descriptivo de la Geografía como ciencia, aludiendo que dicho carácter descriptivo es superado por lo que considero es una especie de descripción diferente a la del mundo físico y natural, esto es, una especie de representación pictórica a través de palabras acerca del desarrollo científico-tecnológico, progreso, imperialismo, orden mundial, cambio climático y globalización, como condicionantes de la dinámica espacial o su aplicación en lo que algunos denominan la ciencia y el arte de la guerra.
Marx y Engels en su tesis XI sobre Feuerbach afirmaban: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. La descripción no dejará de ser mera descripción por el sólo hecho que se diga que ya no lo es; es necesario una idea y una acción concordante con dicha idea para transformar el mundo y la realidad.
Pero si el historiador es un cuentista de lo que otros hicieron en tiempo pasado o de los que otros hacen en tiempo presente desde la cumbre del poder, en fin, narrador de cuentos que ensalza y exalta a regentes en un matiz mesiánico de heroicidad, proezas y hazañas, convenientemente exageradas, manipuladas y distorsionadas, hasta el punto de considerarlos dotados de don y talento por una gracia divina; si el geógrafo es el pintor con palabras del espacio en el que se desarrolla el mismo cuento del historiador; si ambos (el historiador como estudioso de la historia y el geógrafo como estudioso de la geografía) lo mismo que todos y cada uno de los miembros de una comunidad, no son partícipes directos y transformadores activos de la realidad de su entorno, la historia y la geografía continuarán siendo la historia y la geografía del poder, la dominación y explotación del hombre por el hombre y la explotación de la naturaleza por el hombre.
Un poco más de la mitad de la población mundial pertenecen al grupo de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) y coinciden en la figura de Abraham como el primer patriarca hebreo, que sienta las bases de toda una tradición espiritual que aún prevalece como el séquito de fieles religiosos de mayor número en el mundo; el denominado “salvado de las aguas” también constituye un personaje importante para las susodichas religiones, aquel legislador que presenció la promulgación del decálogo de ordenanzas del todopoderoso en el monte Sinaí.
Sean principios de moralidad u ordenanzas de legalidad, en una fe que al ser tan extendida en la tierra como ninguna otra y pareciera denotar una gran convicción entre sus fieles, si tomamos como muestra el precepto de “no matar” contenido en este decálogo, qué moralidad o legalidad puede encontrarse por encima de aquella que procede de dicha fe, e imponerse hasta lograr vencer la fuerza de sus convicciones a tal punto de justificar el asesinato, la guerra, las armas, y pertenecer, licenciar, bendecir y conceder méritos a quienes la portan y usan, es decir, justificar el militarismo.
Planteo las siguientes interrogantes a los descriptores: ¿Qué es la descripción? ¿Quiénes describen? ¿Existen diferentes especies de descripción o acaso una especie de transformación en el ámbito descriptivo? ¿Por qué subestimar la descripción del espacio físico natural con lo que supondría un distanciamiento del hombre con la naturaleza y de sí mismo? ¿Por qué otorgar relevancia a la descripción del progreso, la superficialidad, lo artificial, el desarrollo tecnológico, las armas y la guerra, donde yace la más grave contemplación? ¿Es posible una transformación en los judíos, cristianos, musulmanes y la otra mitad minoritaria de la humanidad, a sabiendas de que todos tienen la convicción de “no matar” y han adquirido la conciencia de que todos han de ser partícipes directos y transformadores activos de la realidad de su entorno, sin ningún tipo de representación o delegación?
Por supuesto, es necesario aclarar que cuando digo “no matar” no solo me refiero al hecho concreto de asesinar o quitar una vida humana, sino al sentido más amplio sugerido por Pierre Joseph Proudhon en su texto “Qué es la propiedad” cuando al hacerse la pregunta ¿qué es la esclavitud? Responde: “es el asesinato […]No necesitaría de grandes razonamientos para demostrar que el derecho de quitar al hombre el pensamiento, la voluntad, la personalidad, es un derecho de vida y muerte, y que hacer esclavo a un hombre es asesinarlo”.
De tal manera que el trasfondo del “no matar”, como una de las diez reglas que el omnipotente entregó a Moisés, no es tan simple como lo refleja la práctica de sus numerosos seguidores. Llegado a este punto, vuelvo a preguntar, y en esta ocasión con mayor énfasis y formalidad: ¿Qué moralidad o legalidad puede encontrarse por encima de aquella que procede de la fe en la que un poco más de la mitad de la población mundial coinciden en seguir, e imponerse hasta lograr vencer la fuerza de sus convicciones a tal punto de justificar el asesinato, la guerra, las armas, y pertenecer, licenciar, bendecir y conceder méritos a quienes la portan y usan, es decir, justificar el militarismo?
Aquí os presento al Estado-Nación, “el más frío de todos los monstruos fríos” que “con dientes robados muerde”. No he sido yo el primero ni el último en vencer a dios; tampoco he sido el primero ni el último en prevenir acerca del advenimiento “del nuevo ídolo”. He aquí la moralidad y la legalidad que se impone y prevalece sobre la fe de las tres hijas del primer patriarca hebreo, quedando relegadas al rol de brazo religioso del monstruo que se ha erigido como el nuevo ídolo; su señal indica “voluntad de muerte” y los “predicadores de muerte” son cómplices de la esclavitud y el asesinato, “atrae a los demasiados”, “los devora y los masca y los rumia”.
En lo sucesivo habrá que llamar las cosas según lo que son, ya no denominaremos más Geopolítica a lo que no es Geopolítica, la denominaremos Geoestatismo, que no es más que la primera consecuencia de una dinámica espacial basada en la fe del nuevo ídolo, en el que se sientan las bases de todo un conglomerado teórico que justifica y lleva a cabo la dominación, explotación y manipulación mundial. El geoestatismo es posible debido a que los pueblos consintieron que el credo estatista prevaleciera, convirtiéndose de esta manera en un “cementerio al que van a enterrarse todas las manifestaciones de la vida individual”.
El credo estatista se ha universalizado y está presente en cada rincón del planeta; si hay algo que place y complace a todos y cada uno de los representantes o delegados de estos cercos estatistas-nacionalistas (sean simpatizantes unos o antagonistas otros), es la comunión de esta fe y su lenguaje. Los pueblos han sido encerrados en este cerco como si se tratara de un corral de ovejas hacia el matadero, obligado a obedecer bajo el amedrentamiento y la intimidación de los brazos adoctrinador, religioso y armado del nuevo ídolo.

Sobre la base del credo del “perro hipócrita” se erigen imperios, que consiste en la superioridad, control y dominación de unos estados-naciones sobre otros. En este sentido, podemos considerar la existencia de estados-naciones poderosos y dominantes que generan polos de atracción en torno a los cuales se alinean y fijan posición los estados-naciones pequeños y dominados. El geoestatismo denomina orden mundial a esta forma como se configuran las jaurías de perros hipócritas, los polos de atracción y sus correspondientes alineaciones.

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