Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.

viernes, 27 de junio de 2014

Educación de autómatas para autómatas (Parte I)

Si hay algo que tienen en común los diversos enfoques educativos y pedagógicos en cuanto a la educación como una necesidad social del hombre, es la importancia que le conceden a los roles y contextos familiar, escolar y comunitario, puesto que constituyen el marco referencial indispensable para la integración de un individuo a la sociedad.
Tal vez la trascendencia que se les ha conferido a la familia, la escuela y la comunidad, se deba a que precisamente las principales causas de la problemática de la educación surgen por la displicencia existente en estos contextos, que además conlleva a la desintegración de lo que debería ser un esfuerzo y un compromiso en unión solidaria.
Pero esta unión solidaria está deformada por el panoptismo, el control, la dominación y la disciplina, rasgos que tienen en común tanto la familia, la escuela y la comunidad. De tal manera que la escuela no es más que la continuación del panoptismo familiar, en la que los padres ven en la escuela la oportunidad de deshacerse de sus hijos y ocultan esta intención en la “sagrada educación”.
Puesto que el desarrollo intelectual, las relaciones sociales y el nivel educativo, son factores que influyen en el desarrollo de la moral, resulta imposible hablar de educación y no vincularla con el desarrollo moral. En tal sentido, el Psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg, en sus estudios acerca del desarrollo moral, determinó seis etapas que corresponden a tres niveles distintos de moralidad, en las que normalmente los niños se encuentran en el primer nivel, preconvencionalismo y heteronomía moral, basada en el absolutismo y orientación a la obediencia; mientras que sólo el 25 % de los adultos alcanzan la quinta etapa, basada en la orientación legalista, que corresponde al tercer nivel (postconvencional); sólo el 5% llega a la sexta etapa de autonomía moral y orientación al principio ético.
No es casual que la mayoría de adolescentes y adultos se encuentren en el segundo nivel correspondiente al nivel de moralidad convencional y conformista. Las necesidades educativas durante el ciclo vital humano, transcurre hasta la etapa de la adolescencia, en la formación, que no es otra cosa que el proceso de construcción de cada tuerca, mecanismo, resorte, arandela y tornillo, ajustado a un molde que se lleva a cabo dentro de los muros de las fabricas escolares y cuyo producto final es un autómata.
Llegado este momento, el ciclo vital del autómata ya se encuentra en su etapa de adultez temprana,  se supone ya preparado para asumir el desafío laboral, la consecución del éxito, la demostración de su talento, habilidades y destrezas, que ante un régimen de competencia, sumada a una conveniente adaptación,  los resultados en términos de salarios, beneficios y ascensos, serán mayores, mejores e inmediatos. En esta implacable lucha por la consecución del éxito, impulsada por el miedo, el rechazo, la exclusión y el descarte por defecto, al no cumplir con las especificaciones de conducta demandadas, se desarrolla la conveniencia particular e inmediata como único precepto moral.
            Vivimos en la sociedad del control, la disciplina y del autoritarismo, con una educación que es fiel reflejo de dicha sociedad; ajustada a las necesidades de control de la clase dominante a través de la autoridad; centrada en el desarrollo mercantilista de habilidades y competencias de un futuro complaciente y conformista trabajador en busca de mejoras de trabajo, mejoras de salario, las cuales vincula con la idea de éxito; un éxito que será mayor en la misma medida que demuestre mayor adaptación a las condiciones que se le impone, bien sea explotación del hombre por el hombre o explotación de la naturaleza por el hombre, será mejor recompensado y retribuido con mejores posiciones dentro de la escala de jerarquización del control y la disciplina.
            En cuanto a los docentes, ya he comentado en otra ocasión que pareciera difícil distinguir que su realidad social se encuentra sumida en una confrontación que deviene de las relaciones de autoridad y que podrían categorizarse por áreas de conocimiento, perfiles universitarios, titulación versus contrato, condiciones económicas y finalmente la militarización y jerarquización de los docentes a través de ascensos. A esta situación se suman, el desinterés del profesor por dominar el área de conocimiento que enseña, para ponerlo en práctica por medio de la didáctica.

Pues bien, en cuanto a la familia, los padres andan huidos del hogar, para unos, por necesidad ante la realidad de un salario mínimo que resulta insuficiente debido a la inflación y otros factores económicos que esto acarrea; para otros, por la codicia, el afán por el enriquecimiento; o la simple ligereza e irresponsabilidad de deshacerse de los hijos, viendo sus propios muros de trabajo como entretenimiento y distracción, y los muros escolares de sus hijos como una guardería o depósitos temporales de niños, esperando que los docentes hagan lo que los padres son incapaces de hacer.

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