Zaratustra se marchó a la montaña; esperando gozar de su soledad se encontró con Caín, Prometeo y Sísifo; obviamente,no salió nada "bueno" para los "buenos": Bajó de la montaña
el Zaratustra anarquista y rebelde.

domingo, 21 de junio de 2015

Ética y Filosofía en la Educación

La educación es un concepto extenso que abarca lo intencional y lo no intencional, lo sistemático y lo asistemático, lo formal y lo informal, la programación, método o contenido y la ausencia de ellos, que además puede ser utilizada para la emancipación o la dominación; de allí la importancia de abordarla a través de la ética, a fin de identificar, reconocer y estudiar todos los aspectos que desde el punto de vista de la moral y el comportamiento humano, intervienen y pueden condicionar la educación, estableciendo una noción critica con relación a lo que se considere bueno o malo, su intencionalidad, sus medios y sus fines, si se trata de una educación para la emancipación o la dominación, o de una educación para el adoctrinamiento o el libre pensamiento.  
            Este es el problema filosófico-ético que se plantea en Educación y será pedagógico en la medida en que se formulen interrogantes acerca del como, porque y para que educar. Las respuestas a dichas preguntas son diversas y marcan el origen de diferentes perspectivas pedagógicas, entre las que se encuentra la Pedagogía Libertaria propuesta por el anarquismo, basada en una serie de planteamientos que son coherentes con su propuesta evolutiva de transformación social, política y económica de la sociedad, contraria al cambio brusco o revolucionario y contrapuesto al Estado, el capital y cualquier forma de autoridad, jerarquía y control social.


lunes, 1 de junio de 2015

Entre leyes, modelos y currículos

Desde la Pedagogía Libertaria partimos de la idea de que Educación es incentivar la autodidáctica, mostrando a las personas como aprenden por sí mismas, posibilitando la construcción para la vida propia. Mostrar, posibilitar e incentivar son los fines de la educación, que suponen la dualidad docente-discente y enseñanza-aprendizaje, entendiendo que son dos procesos de vida simultáneos y continuos.
            Concebir la educación de otra manera, no es otra cosa que adoctrinamiento, formación y moldeamiento; sienta sus bases en el cuerpo jurídico corporativo del derecho positivo y se impone a través de leyes, modelos y currículos, la coerción y lo antinatural. En su ficticia filantropía y generosidad ocultan su interés por justificar su función legislativa hacedora de leyes; de manera altruista obligan y decretan la libertad, la igualdad, la justicia, el amor de una madre a su hijo o la muerte por la patria.
            Efectivamente, resulta ser que quien restringe, limita y condiciona la libertad, la decreta; resulta ser que este cuerpo jurídico corporativo cree que puede amar a un niño más que su propia madre; decretan una ficticia igualdad desde arriba, una justicia convenientemente y continuamente manipulada, y siendo una minoría en el poder condenan a la muerte por la patria, lo que no es otra cosa que la defensa de sus intereses particulares.
            En educación, deciden qué, quién, cómo, cuándo, por qué y para qué se educa, cuando la educación, lo mismo que la libertad, la igualdad, la justicia y el amor de una madre, son sentimientos inspiradores, pero que a través de la ficción del derecho coercitivo y gracias a la credulidad de todos, han logrado convencer que aman a todo esto y muchas cosas más, incluso, mucho más que nosotros mismos, negando de esta manera nuestra capacidad intelectual y nuestra capacidad de amar, cuando en el menor descuido, su derecho, más torcido que aquellos que quienes pretende regir, es usado en su contra.
            La libertad es una condición necesaria para inspirar la creatividad, y una educación con fines de adoctrinamiento y regida por un torcido derecho positivo es contraria a la libertad.
            Nuestra prioridad esencial es comprender que el fin de una educación libre es la inspiración al conocimiento por sí mismo y al desarrollo de la autodidáctica en los jóvenes. Puesto que la educación es la vida misma, todo ser humano es necesariamente educador y educando, por lo tanto ha de participar activamente en la transformación social que anhelamos impetuosamente.
            Lo que resulte de este proceso de comprensión social e individual acerca de la educación libre, será el reflejo de lo que deseamos como escuela y lo que deseamos como sociedad, no es un modelo, sino un anhelo común.
            Ya he hablado acerca del brazo jurídico y legislativo del Estado y su permanente intención de desarrollar el modelo educativo (molde) más efectivo y eficaz para lograr la domesticación de los individuos. Ahora bien, siendo el Estado un ente adoctrinador por excelencia, le resulta deseable establecer un conjunto de conocimientos convenientemente agrupados (currículo) a fin de lograr la mayor eficacia y efectividad de adoctrinamiento posible.
            Todo lo anteriormente expuesto explica como opera la educación autoritaria a través de leyes, modelos y currículos, razones por las cuales la Pedagogía Libertaria, como propuesta educativa que procede del anarquismo, responde a una propuesta de sociedad basada en el orden sin autoridad (abolición del Estado y de toda forma de autoridad), el apoyo mutuo y la solidaridad.
            Entonces bien ¿Qué habrían de enseñar-aprender los docentes-discentes? Todo aquel conocimiento aplicable, útil y práctico para sí mismo y para la comunidad; todos aquellos conocimientos que permitan el máximo desarrollo integral de los individuos.  
           
           


sábado, 2 de mayo de 2015

La historia oral como enfoque histórico libertario (Parte I)

        Las nociones de espacio y tiempo no son exclusivas de las matemáticas, la física o de toda aquella ciencia que se ha dado por denominar ciencias naturales o ciencias exactas, sino que también son nociones presentes en las ciencias Sociales. No se trata de que las Ciencias Sociales adopte el método de las ciencias naturales, como se pretende desde el positivismo, se trata de que siendo las nociones de tiempo y espacio, ideas comunes presentes en todas las áreas de conocimiento, en las Ciencias sociales, dichas nociones poseen dimensiones propias.
            Un punto referencial al respecto, lo representa la idea del geógrafo anarquista Eliseo Reclus al expresar que “la geografía es la historia en el espacio, lo mismo que la historia es la geografía en el tiempo”. En Ciencias Sociales, las diferentes concepciones epistémicas, políticas e ideológicas que surgen en torno al tiempo y el espacio, son las que le dan un rasgo característico de multidimensionalidad.
            Aunado a esto, en lo que concierne particularmente a la historia, se ha puesto en entredicho las respuestas que como ciencia, intenta dar en relación a su objeto de estudio: el tiempo, que no es necesariamente y mucho menos exclusivamente el tiempo pasado. Por supuesto, los efectos de esta sospecha hacia la historia, alcanza al sujeto que se dedica a su estudio y el rol que desempeña en dicho quehacer. En concreto me refiero a tres asuntos, el primero de ellos a la fiabilidad de la historia; en segundo lugar, el reduccionismo de la historia como estudio del tiempo pasado; y en tercer lugar, el rol del historiador.

            Napoleón Bonaparte aseguró que “la historia es una serie de mentiras acordadas”; León Tolstoi expresó que “la historia se asemeja a un sordo que contesta preguntas que nadie hace”; por su parte Winston Churchill manifestó que “la historia la escriben los vencedores; por otro lado Sartre dijo que “incluso el pasado puede modificarse, los historiadores no paran de demostrarlo”; Camus afirmó que “uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen”; y Eduardo Mignona expone que “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera”; mientras que Castro espera ser absuelto ante el evidentemente poco confiable juez de la historia. Acaso podría saberse culpable y apelar en última instancia a un juez corrupto, extorsionable y manipulador.

viernes, 17 de abril de 2015

Incentivar la autodidáctica


            Cuando se trata de educación, a pesar de las discrepancias entre concepciones, corrientes o enfoques, y entre autores que aún perteneciendo a la misma corriente educativa establecen diferencias entre sí, todos confluyen en la aspiración de una educación por y para el libre pensamiento, el pensamiento crítico y la libertad.
            Pero, cuántas veces en la educación como en otros ámbitos de la sociedad, se ha levantado la bandera de la libertad para luego erigir, instaurar, implantar o imponer un nuevo dogma de dominación. He allí, que cuando hablamos de educación, evidenciamos una razón histórica que la vincula con el empleo de todos los medios necesarios para asegurar la formación, el moldeado, el modelamiento y la automatización, todos estos rasgos siempre presentes en cualquiera de las modalidades educativas tradicionales como la privada, la religiosa y muy particularmente aquella que procede del Estado, puesto que ha sido y continúa siendo la más extendida.  
            Entonces, en qué consiste el propósito y la tarea de la educación. Según Tiana, “la tarea de la educación no consiste, pues, en adoptar a los educandos a un molde establecido de antemano, sino en posibilitar la construcción de su propia vida”. Al contrastar esta idea con la práctica educativa tradicional (estatal, privada o religiosa) percibimos que todas ellas están basadas en diseño curricular (molde establecido de antemano), programas de estudio y contenidos programáticos; percibimos que existirían tantos diseños curriculares como docentes, y que de todos esos posibles diseños curriculares en mente de cada uno de los docentes, terminan imponiéndose los eruditos representantes de un paradigma dogmático, si es que el paradigma no fuera dogmático en sí mismo.
            Por otro lado, Noam Chomsky expresa: “el propósito de la educación es mostrar a la gente como aprenden por sí mismos. El otro concepto de la educación es adoctrinamiento”. Aquí apreciamos dos conceptos de educación y puesto que el aprendizaje por sí mismo se pierde de vista ante los caminos impuestos en el sistema educativo tradicional, resulta obvio que lo que hemos escuchado, vivenciado, experimentado y palpado cuando decimos educación,  no es otra cosa que adoctrinamiento.
            La educación es parte del quehacer, ocupación, preocupación e inquietud de aquéllos quienes están interesados profundamente en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Si es posible concebir la educación de una manera distinta a la tradicional y autoritaria, entonces también es posible concebir de otro modo al docente.
En tal sentido, el ser docente consistirá en posibilitar la construcción de su propia vida, la de sus discentes y el entorno que les rodea, mostrando la posibilidad de aprender por sí mismos, incentivando la autodidáctica, provocando y favoreciendo la autonomía del pensamiento. El docente es un ser inspirador de conocimiento, creatividad y libertad; consciente de que la vida es una continua enseñanza y un continuo aprendizaje en la que todos interactuamos y participamos, reconoce la dualidad del rol (docencia-discencia) en su aproximación al conocimiento por y para la vida, la libertad y el apoyo mutuo.


miércoles, 21 de enero de 2015

Calidad y excelencia en la educación

En "El problema de la educación" describí brevemente cómo opera el Sistema Educativo vigente, caracterizado principalmente por  la pertinencia de currículo y los estándares de calidad; hemos señalado, que a menos que se desee consolidar dicho sistema, podríamos advertir que la problemática educativa regional y local, e incluso a nivel mundial, es el mismo sistema.
Si la calidad, según la Real Academia Española, es la “propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor” y la excelencia es “la calidad superior que hace digno de singular aprecio y estimación algo”: a qué propiedades se está sometiendo a juicio de valor cuando hablamos de “Calidad” y quiénes son considerados de calidad superior y dignos de aprecio cuando hablamos de “Excelencia”.
Bajo esta concepción el sujeto estudiante se pierde de vista, pasa a ser el producto resultante de un proceso llevado a cabo en un período de tiempo definido por currículo en una” carrera” de estudio, y será sometido a medición de juicio de valor según los criterios y objetivos establecidos en dicho currículo, que además arrojará como resultado a los adaptados de mayor estima para los domesticadores y adiestradores de la erudición.
Por lo tanto, la propiedad inherente a la que se refiere la “calidad y excelencia académica” sólo puede ser atribuida al sujeto abstracto del sistema educativo, y vendrá dada por la capacidad de  lograr que el estudiante sea moldeado según lo establecido en el currículo y existirá excelencia académica en la medida en que el estudiante, convenientemente bien adaptado, adquiera el perfil de egreso que la Universidad le ha impuesto según conveniencia. De esta manera se elabora minuciosamente cada tuerca, arandela, tornillo y demás partes y mecanismos del sistema como consecuencia directa de la división del trabajo y la especialización, una realidad oculta tras la idea de una educación al servicio de la sociedad, 

El problema de la educación

A nivel mundial, sin distinción de tendencia, concepción, enfoque o ideología educativa, pedagógica o política, la educación  no sólo se ha tornado como un derecho de todos, sino también como un factor imprescindible para el desarrollo social, tanto para quienes desean consolidar el sistema, como para aquellos que buscan transformarlo.
La práctica educativa tradicional escolástica, memorística, irreflexiva, academicista, carente de aplicabilidad y práctica, ha conducido a gran parte de la población a una incredulidad generalizada, acentuada en la Educación Secundaria, respecto a su eficacia; lo cual se ve reflejado en las tasas porcentuales de egresados que además, se encuentran con perspectivas inciertas ante un mundo laboral y productivo competitivo para el cual no todos pueden demostrar capacidades y actitudes esperadas.
A menos que se desee perpetuar y consolidar este sistema educativo tradicional,  es inútil describir su problemática si su solución se plantea desde sus propios  fundamentos, que precisamente son las causas por las cuales el problema de la educación es el mismo sistema: pertinencia de currículo, estándar de calidad, retraso en la culminación de los estudios, deserción escolar, entre otros.
El conocimiento vinculado al éxito como resultado del cumplimiento de un contenido curricular a través de su práctica evaluativa, es lo que conlleva al conocimiento memorístico y reproducción de contenidos disociado de la realidad y su aplicabilidad, así como también a la frustración que genera la no consecución del éxito que condena al estudiante a la condición de fracasado, al no reunir las exigencias mínimas del evaluador, dueño y poseedor del conocimiento.
No pudiendo aproximarse al conocimiento, esta condición de fracasado que otorga el sistema educativo a los estudiantes influye directamente en la agudización de los grandes problemas sociales dentro de los que está inmersa nuestra juventud tales como el incremento de maternidad temprana, pandillaje, alcoholismo, exclusión del mundo laboral competitivo como continuación de la intencionada exclusión del mundo estudiantil competitivo, con la simulada intención de reducir dicha exclusión.
Se alega que una de las causas de este fenómeno es la escasa pertinencia del diseño curricular, la permanente pretensión de los eruditos, de imponer, generalizar y simplificar todo un vasto conocimiento en toda una vasta diversidad de estudiantes bajo los mismo parámetros, condiciones y criterios; de tal manera que existirían tantos diseños curriculares como eruditos académicos, que en el mejor de los casos crearán procedimientos que ofrezcan la ilusión de un consenso y así imponer qué es pertinente y lo que no lo es.

Por otro lado, la realidad social del docente se encuentra sumida en una confrontación que deviene de las relaciones de autoridad, que pueden categorizarse por áreas de conocimiento, perfiles universitarios, titulación versus contrato, condiciones económicas, militarización y jerarquización de los docentes a través de ascensos y finalmente un desconocimiento acerca de las diferentes corrientes pedagógicas que reduce la práctica docente a una regencia que administra notas y evaluaciones, moldes curriculares y medición de calidad de adaptación al molde.

La Geografía Libertaria (Parte II)

Este es el punto de partida para la descripción, caracterización e interpretación de la realidad geográfica actual según el enfoque de la Geografía Libertaria. Puesto que la noción de realidad constituye uno de los problemas fundamentales de la Filosofía en general y muy específicamente de la Filosofía de la Ciencia o Epistemología, que además, en torno a la realidad se plantea el problema acerca de los modos de expresión, he considerado establecer un marco lingüístico que permita dilucidar el problema del lenguaje, en cuanto al uso, pertinencia y correspondencia con la realidad, del término “Geopolítica” expuesto desde los enfoques autoritarios tradicionales y el término “Geoestatismo” propuesto desde el enfoque de la Geografía Libertaria.
He dejado en evidencia una vez más, el incesante énfasis de la siempre necesaria reflexión epistemológica que se promueve a través de la Pedagogía Libertaria, exponiendo, proponiendo y presentando la concepción del espacio según la Geografía Libertaria, el conocimiento de la realidad geográfica, la comprensión de la dinámica espacial, los diversos factores que la condicionan y las posibilidades de transformación de dicha realidad.
Mucho se comenta acerca del carácter descriptivo de la Geografía como ciencia, aludiendo que dicho carácter descriptivo es superado por lo que considero es una especie de descripción diferente a la del mundo físico y natural, esto es, una especie de representación pictórica a través de palabras acerca del desarrollo científico-tecnológico, progreso, imperialismo, orden mundial, cambio climático y globalización, como condicionantes de la dinámica espacial o su aplicación en lo que algunos denominan la ciencia y el arte de la guerra.
Marx y Engels en su tesis XI sobre Feuerbach afirmaban: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. La descripción no dejará de ser mera descripción por el sólo hecho que se diga que ya no lo es; es necesario una idea y una acción concordante con dicha idea para transformar el mundo y la realidad.
Pero si el historiador es un cuentista de lo que otros hicieron en tiempo pasado o de los que otros hacen en tiempo presente desde la cumbre del poder, en fin, narrador de cuentos que ensalza y exalta a regentes en un matiz mesiánico de heroicidad, proezas y hazañas, convenientemente exageradas, manipuladas y distorsionadas, hasta el punto de considerarlos dotados de don y talento por una gracia divina; si el geógrafo es el pintor con palabras del espacio en el que se desarrolla el mismo cuento del historiador; si ambos (el historiador como estudioso de la historia y el geógrafo como estudioso de la geografía) lo mismo que todos y cada uno de los miembros de una comunidad, no son partícipes directos y transformadores activos de la realidad de su entorno, la historia y la geografía continuarán siendo la historia y la geografía del poder, la dominación y explotación del hombre por el hombre y la explotación de la naturaleza por el hombre.
Un poco más de la mitad de la población mundial pertenecen al grupo de las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) y coinciden en la figura de Abraham como el primer patriarca hebreo, que sienta las bases de toda una tradición espiritual que aún prevalece como el séquito de fieles religiosos de mayor número en el mundo; el denominado “salvado de las aguas” también constituye un personaje importante para las susodichas religiones, aquel legislador que presenció la promulgación del decálogo de ordenanzas del todopoderoso en el monte Sinaí.
Sean principios de moralidad u ordenanzas de legalidad, en una fe que al ser tan extendida en la tierra como ninguna otra y pareciera denotar una gran convicción entre sus fieles, si tomamos como muestra el precepto de “no matar” contenido en este decálogo, qué moralidad o legalidad puede encontrarse por encima de aquella que procede de dicha fe, e imponerse hasta lograr vencer la fuerza de sus convicciones a tal punto de justificar el asesinato, la guerra, las armas, y pertenecer, licenciar, bendecir y conceder méritos a quienes la portan y usan, es decir, justificar el militarismo.
Planteo las siguientes interrogantes a los descriptores: ¿Qué es la descripción? ¿Quiénes describen? ¿Existen diferentes especies de descripción o acaso una especie de transformación en el ámbito descriptivo? ¿Por qué subestimar la descripción del espacio físico natural con lo que supondría un distanciamiento del hombre con la naturaleza y de sí mismo? ¿Por qué otorgar relevancia a la descripción del progreso, la superficialidad, lo artificial, el desarrollo tecnológico, las armas y la guerra, donde yace la más grave contemplación? ¿Es posible una transformación en los judíos, cristianos, musulmanes y la otra mitad minoritaria de la humanidad, a sabiendas de que todos tienen la convicción de “no matar” y han adquirido la conciencia de que todos han de ser partícipes directos y transformadores activos de la realidad de su entorno, sin ningún tipo de representación o delegación?
Por supuesto, es necesario aclarar que cuando digo “no matar” no solo me refiero al hecho concreto de asesinar o quitar una vida humana, sino al sentido más amplio sugerido por Pierre Joseph Proudhon en su texto “Qué es la propiedad” cuando al hacerse la pregunta ¿qué es la esclavitud? Responde: “es el asesinato […]No necesitaría de grandes razonamientos para demostrar que el derecho de quitar al hombre el pensamiento, la voluntad, la personalidad, es un derecho de vida y muerte, y que hacer esclavo a un hombre es asesinarlo”.
De tal manera que el trasfondo del “no matar”, como una de las diez reglas que el omnipotente entregó a Moisés, no es tan simple como lo refleja la práctica de sus numerosos seguidores. Llegado a este punto, vuelvo a preguntar, y en esta ocasión con mayor énfasis y formalidad: ¿Qué moralidad o legalidad puede encontrarse por encima de aquella que procede de la fe en la que un poco más de la mitad de la población mundial coinciden en seguir, e imponerse hasta lograr vencer la fuerza de sus convicciones a tal punto de justificar el asesinato, la guerra, las armas, y pertenecer, licenciar, bendecir y conceder méritos a quienes la portan y usan, es decir, justificar el militarismo?
Aquí os presento al Estado-Nación, “el más frío de todos los monstruos fríos” que “con dientes robados muerde”. No he sido yo el primero ni el último en vencer a dios; tampoco he sido el primero ni el último en prevenir acerca del advenimiento “del nuevo ídolo”. He aquí la moralidad y la legalidad que se impone y prevalece sobre la fe de las tres hijas del primer patriarca hebreo, quedando relegadas al rol de brazo religioso del monstruo que se ha erigido como el nuevo ídolo; su señal indica “voluntad de muerte” y los “predicadores de muerte” son cómplices de la esclavitud y el asesinato, “atrae a los demasiados”, “los devora y los masca y los rumia”.
En lo sucesivo habrá que llamar las cosas según lo que son, ya no denominaremos más Geopolítica a lo que no es Geopolítica, la denominaremos Geoestatismo, que no es más que la primera consecuencia de una dinámica espacial basada en la fe del nuevo ídolo, en el que se sientan las bases de todo un conglomerado teórico que justifica y lleva a cabo la dominación, explotación y manipulación mundial. El geoestatismo es posible debido a que los pueblos consintieron que el credo estatista prevaleciera, convirtiéndose de esta manera en un “cementerio al que van a enterrarse todas las manifestaciones de la vida individual”.
El credo estatista se ha universalizado y está presente en cada rincón del planeta; si hay algo que place y complace a todos y cada uno de los representantes o delegados de estos cercos estatistas-nacionalistas (sean simpatizantes unos o antagonistas otros), es la comunión de esta fe y su lenguaje. Los pueblos han sido encerrados en este cerco como si se tratara de un corral de ovejas hacia el matadero, obligado a obedecer bajo el amedrentamiento y la intimidación de los brazos adoctrinador, religioso y armado del nuevo ídolo.

Sobre la base del credo del “perro hipócrita” se erigen imperios, que consiste en la superioridad, control y dominación de unos estados-naciones sobre otros. En este sentido, podemos considerar la existencia de estados-naciones poderosos y dominantes que generan polos de atracción en torno a los cuales se alinean y fijan posición los estados-naciones pequeños y dominados. El geoestatismo denomina orden mundial a esta forma como se configuran las jaurías de perros hipócritas, los polos de atracción y sus correspondientes alineaciones.